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La contaminación acorta seis meses la vida de los españoles

Viernes, 18 de Junio de 2010

Vivir en la ciudad, respirando el aire contaminado por los tubos de escape de los coches, puede provocar serios problemas cardiovasculares. Pero sobre todo acorta la vida.

El científico del Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Michael Kryzanowsky, señaló este jueves en Barcelona que la esperanza de vida de los españoles se ha reducido en medio año por culpa de la exposición de los ciudadanos a la contaminación del aire.

No obstante, aunque negativas, las cifras en España aún son más favorables que las de la media europea. Según Kryzanowsky, las pm10 (polvos, cenizas, hollín, partículas metálicas, cemento o polen disperso en la atmósfera) y el ozono malo han acortado la vida de los europeos en nueve meses y en las zonas industriales y más urbanizadas en un año.

«La contaminación mata y acelera los fallecimientos», dijo en el marco de una jornada europea de ciudades y regiones para la mejora de la calidad del aire que se celebra en Barcelona. Y puso dos ejemplos. Vivir a menos de 50 metros de una vía con más de 10.000 vehículos diarios, como podría ser la Diagonal de Barcelona o el paseo de la Castellana de Madrid, incrementa el riesgo de tener problemas respiratorios y cardiacos y sufrir arteriosclerosis.

Y hacerlo a menos de 100 metros, comporta la aparición de asma. Además, según el codirector del Centro de Investigación de Epidemiología Ambiental de Cataluña, Jordi Sunyer, «hay evidencias de que la exposición de embarazadas a grandes niveles de contaminación provoca el nacimiento de niños más pequeños y con problemas cerebrales».

Por ello, aunque Kryzanowsky reconoció que España ha registrado una ligera disminución de las partículas contaminantes en las áreas urbanas, el representante del Instituto de Diagnosis Ambiental, Xavier Querol, abogó por reducir el volumen de coches por las calles como «la solución más efectiva» para solventar el problema. Especialmente los motores diesel, ya que contaminan diez veces más que los de gasolina. «Emiten menos C02, pero en partículas contaminan más», remató.

Los expertos presentes analizaron el caso concreto de una gran capital como es Barcelona, donde se registran anualmente 30.000 muertes. Querol propuso medidas radicales, como la creación de peajes de entrada a las ciudades como ha hecho Londres. Según este experto, esto permitiría reducir un 10% las muertes causadas por la exposición al aire contaminado.

Fuente: La Voz de Galicia

Podemos proteger a los niños del humo de tabaco en el medio ambiente tomando algunas medidas básicas

Martes, 13 de Abril de 2010

Tome la decisión de no fumar dentro de su hogar o de su vehículo ni se lo permita a sus familiares y visitantes. En particular los infantes y los niños pequeños (“toddler”) son más vulnerables a los riesgos contra la salud debido al humo de tabaco en el medio ambiente.

No les permita fumar dentro de su hogar a las personas que le cuidan sus niños ni a las personas que trabajan en su casa.

Mientras deja de fumar por complete, fume afuera del hogar. Irse a otra habitación o abrir una ventana no es suficiente para proteger a sus niños.



Para más información acerca del humo de tabaco en el medio ambiente, vea las publicaciones de la EPA y haga la promesa de no fumar.

La EPA y el HHH se han unido para promover hogares libres del humo de tabaco en los hogares de las familias participante.

Fuente: Agencia de protección Ambiental

Barcelona inspeccionará por norma los malos olores

Lunes, 8 de Febrero de 2010
Revisión de las ordenanzas de medio ambiente de Barcelona: se regulan los malos olores, los helicópteros y casi todo lo demás

¿Huele mal en su calle? Dentro de medio año, mediado el verano, podrá llamar al Ayuntamiento y un tipo pagado por la ciudad, con un olfato fino, fino y certificado legalmente, vendrá a ver qué ocurre: excitará su prodigiosa pituitaria con el hedor y enviará un informe al municipio que verificará si, en efecto, en su calle huele que apesta. Más aún, para certificar todo lo olido, si la ocasión lo merece, se tomarán muestras del aire y se analizarán. El Ayuntamiento de Barcelona ha incluido en su revisión de las ordenanzas municipales que, presumiblemente se aprobarán en verano, la potestad municipal para detectar y perseguir los malos olores. Más aún, algunas actividades, desde las instalaciones de tratamiento de residuos (¿van a cerrar la depuradora del Besòs?) hasta los tostaderos de café estarán sujetos a un informe específico sobre olores previo a la autorización oficial de apertura y a una inspección permanente de los aromas que desprenden. La contaminación odorífera - ese es el término-será tratada a Barcelona del mismo modo que el ruido o la emisión de contaminantes. …

Fuente: La Vanguardia

Cuestionando algunos mitos para ser más “eco”

Sábado, 6 de Febrero de 2010

Muchos consejos y literatura se ha publicado respecto a cómo vivir ecológicamente de manera más responsable, cómo limitar el autoconsumo, disminuir la huella de carbono, etc. Para todos nosotros es evidente que hay maneras más verdes de vivir que conduciendo un coche más nuevo… sin embargo, Duncan Clark via Guardian UK Blogs, desmitifica algunos de los grandes consejos que habitualmente escuchamos para ser más verdes:

¿Por qué dicen: apaga las luces para ahorrar CO2?

En vez de decirte que el total de CO2 que liberan las plantas eléctricas y otras instalaciones industriales de la UE hasta el 2012 están fijadas por el Régimen Europeo de Comercio de Emisiones. Eso significa que toda la energía ahorrada por las personas individuales puede ser usado por otros países e instalaciones europeas. En otras palabras, se emite la misma cantidad de CO2, pero desde otras fuentes diferentes. Si quieres asegurarte de que tu ahorro de electricidad de verdad reducirá emisiones de CO2, existen organizaciones como la británica Sandbag, que trabajan fuera del sistema de cuotas y representa a los particulares preocupados del medio ambiente.

¿Por qué te dicen: Compra un coche/auto más verde?

Si definitivamente necesitas un auto nuevo, hace sentido comprar un modelo pequeño y super eficiente en la emisión de menos CO2. Pero, fabricar nuevos vehículos -incluyendo la minería, el procesado de los metales, la manufactura y el ensamblaje- gasta cantidades enormes de energía. De acuerdo al experto del Instituto de Estocolmo por el Medio Ambiente, la producción de un coche moderno típico emite cerca de 8 toneladas de CO2, equivalente a 37.000 kilómetros de conducción. Por esto, a veces es más verde mantener tu antiguo vehículo que venderlo y comprar uno nuevo.

¿Por qué te dicen: hazte vegetariano para reducir tus emisiones?

Es verdad que la producción industrial de animales emite una huella de cabono mucho mayor que la industria automotriz. Desde esta lógica, el vegetarianismo es una buena manera de enfrentar el problema. Sin embargo, el demonio está en los detalles, y la producción de lácteos emite más carbono que algunas carnes. En particular producir un kilo de queso añejo (duro) tiene una huella de carbono más grande que la producción de un kilo de pollo. Por eso, dejar la carne tiene mucho sentido, pero la manera más efectiva de reducir las emisiones de carbono en tu dieta es haciéndote vegano -o lo más cercano a esta opción- que tú puedas.

¿Por qué te dicen que no llenes demasiado la olla?

No se trata sólo de cuánta agua hierves para hacerte un té o un café, sino también del tipo de utensilios de cocina que utilizas. Los hervidores de agua son rápidos y convenientes, pero la electricidad que gastan produce al menos tres veces más gases de efecto invernadero que cada unidad calentada con gas en un hogar común. Por lo tanto, el cambio a una cocina o estufa de gas reduciría las emisiones, especialmente en meses de invierno, pues el calor del gas calienta, al mismo tiempo, las habitaciones, por lo que se reduce el gasto por calefacción.

¿Por qué te dicen: usa aparatos más eficientes?

Escogiendo aparatos más eficientes es una buena manera de reducir emisiones, pero también hay otras maneras, como hacer funcionar los aparatos por la noche. En el día, cuando el consumo es más alto, las centrales de energía deben trabajar para mantener el pico de demanda. Por la noche, cuando la demanda es menor, las estaciones funcionan a mínimos, o no funcionan, y cada unidad de electricidad significa una menor emisión de CO2. Encendiendo tu lavadora o lavavajillas por la noche, antes de dormir, ahorra una cantidad importante de emisiones.

¿Por qué te dicen: “cámbiate con nosotros, te proveemos de electricidad 100% renovable”?

Diversas compañías eléctricas prometen a sus clientes proveerles de electricidad de energías renovables. Esto da la impresión de que cambiándote de proveedor aumentará la cantidad de energía limpia producida. Pero la verdad es más compleja. Los gobiernos exigen que una cierta cantidad de la energía provenga de fuentes renovables. Si una compañía de electricidad aumenta esta cuota, generando más energía de fuentes renovables, pueden vender sus créditos adicionales a otras empresas, y éstas pueden no generar energía de fuentes limpias. El efecto neto no cambia la situación actual: si usas un proveedor de energía “verde” no esperes que tu electricidad no emita carbono, esto es independiente de lo que te diga la compañía de electricidad.

¿Por qué te dicen: el fuego de la leña es más verde?

Si quemas madera en una hoguera, la mayoría de la energía del bosque se irá por la chimenea. Asumiendo que la madera proviene de bosques controlados, la madera es un combustible verde porque el CO2 que libera al quemarse es absorbido del aire por los árboles que reemplazan a los que ya cayeron. La quema ineficiente, además, genera grandes cantidades de hollín. Como el carbono, el hollín calienta la atmósfera absorbiendo el calor del sol, y como éste, también puede viajar por miles de kilómetros hacia los polos, acelerando el derretimiento de los hielos. Una opción ambientalmente más amigable es la estufa graduada, que captura la mayoría del calor del combustible, reduciendo la cantidad de leña, y de emisiones. Algunas estufas modernas son tan limpias, que pueden ser usadas incluso en lugares libres de humo de cigarrillo.

¿Por qué te dicen: usa eco-detergentes?

Los detergentes de ropa o vajilla ecológicos ofrecen una biodegradabilidad rápida, baja toxicidad y están hecho con ingredientes vegetales en vez de sintéticos. Sin embargo, la mayoría de las emisiones de carbono no viene determinado por el tipo de detergente sino por el calentamiento del agua. Por lo tanto, la manera más efectiva de cortar las emisiones es escoger un detergente poderoso con agua fría, o tibia-casi fría. Si lavas a 20 grados con un detergente ecológico es suficiente, si lavas con agua fría es mucho mejor.

¿Por qué te dicen que los pañales reutilizables son mejores para el planeta?

Es verdad que los pañales desechables son una basura integral: ocupan grandes cantidades de petróleo en su fabricación, ocupan gran cantidad de espacio al desecharse y tardan cientos de años en descomponerse. Sin embargo, un estudio a fondo de la Agencia Medio Ambiental Inglesa descubrió que el impacto total de los pañales era similar entre los lavables y los desechables. Los lavables tienen un menor impacto, pero sólo si usas una lavadora eficiente, lavas en un ciclo de lavado de 60 grados, limitas el consumo a 24 pañales y si no los secas ni planchas. Los servicios de lavandería de pañales son los que más huella de carbono tienen, entre todas las opciones para quienes tienen hijos en edad de usar pañales.

¿Por qué te dicen: compra local?

El transporte de bienes es una pequeña pero significativa parte del impacto humano sobre el clima. Generalmente, hace sentido favorecer el consumo de comida y productos locales, pero no siempre es real en las cuentas finales. Un estudio mostró que vender en UK flores producidas y cortadas en la soleada Kenia tiene una huella de carbón similar a la venta de las flores producidas en Holanda. Por eso, mientras el transporte sigue siendo un item importante, no es el único factor a considerar.

Fuente: El mercurio digital

«Las administraciones a veces hacen la vista gorda con los tóxicos permanentes»

Sábado, 23 de Enero de 2010
«Las administraciones a veces hacen la vista gorda con los tóxicos permanentes»
El enemigo, los compuestos tóxicos permanentes (CTP), ya están en nosotros, pero aún nos falta conciencia y capacidad de reacción para hacerles frente. Desde las más altas administraciones hasta la ciudadanía de a pie de calle. Lo sostiene Miquel Porta (Barcelona, 1957), investigador y catedrático de Salud Pública del Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de la de Carolina del Norte. Él, junto a los investigadores Elisa Puigdomènech y Ferran Ballester, han editado el libro «Nuestra contaminación interna. Concentraciones de CTP en la población española».
¿Los compuestos tóxicos persistentes (CTP) de los que se habla en el libro llevan mucho tiempo en y entre nosotros?
—Todos los CTP de los que habla el libro no existían hace 100 años y muchos de ellos no habían contaminado la cadena alimentaria ni la especie humana de la manera que ahora lo hacen. La contaminación generalizada por CTP de la que hablamos comenzó a partir de la Segunda Guerra Mundial. Sí que anteriormente había otros compuestos químicos ambientales tóxicos, tales como el plomo o el mercurio, que desde los romanos o antes han estado presentes, pero no habían contaminado la cadena alimentaria y la especie humana de esta forma generalizada.
—¿Cuáles son los compuestos tóxicos persistentes más habituales en la población?
—Lo que encontramos con más frecuencia en la especie humana son los plaguicidas: el DDT y su principal producto de degradación, el DDE. También el hexaclorobenceno (usado como pesticida) y el lindano (plaguicida). Luego entre los industriales, destacaría los PCB (policloro bifeniles), que se han utilizado sobre todo como aislantes eléctricos, aunque también para muchos otros usos cotidianos.
¿Cuál es la principal vía de entrada de los CTP en el cuerpo humano?
—Los alimentos y, en concreto, la parte grasa de estos alimentos. Porque los CTP son extraordinariamente lipofílicos, capaces de ser disueltos o absorbidos en grasas. Por lo tanto, por una parte los CTP se disuelven muy bien en las grasas y, por otra, el organismo humano, a través de los riñones, no los puede excretar, y los vamos acumulando lentamente a lo largo de nuestra vida. Y es que, en general, los riñones excretan bien los compuestos que son poco lipofílicos y muy hidrofílicos (capaces de mezclarse con el agua o de disolverse en ella).
Así que, para no acumular CTP, ¿qué puede hacer el ciudadano? ¿Comer menos grasas?
—Bueno, comer menos grasas siempre es una buena idea; no hay ninguna razón positiva para comer más. Ya teníamos razones desde el punto de vista de la prevención de enfermedades cardiovasculares…
¿Vamos a peor en esto? ¿Seguimos acumulando CTP?
—En resumen, se puede decir que en el caso de algunos compuestos estamos estancados a la hora de reducir su concentración; en otros, empeoramos porque están entrando en la cadena alimentaria y, en otros, hemos ido discretamente a mejor. Creo que hemos ido a mejor con demasiada lentitud y que las administraciones, municipal y autonómica, que son las que tienen competencias, en algunos casos prefieren hacer la vista gorda, no mirar. Hay bastantes comunidades autónomas que no hacen suficientes controles de la contaminación química de las alimentos.
¿Hay excepciones en positivo?
—Algunas de las excepciones son Cataluña o el País Vasco. En esta última comunidad se hacen estudios de dieta total. Se coge una muestra representativa de lo que habría en una cesta de la compra típica, se analizan los alimentos y se mira si tienen CTP.
Dado un producto, por ejemplo, una tarrina de mantequilla, ¿se podría seguir el rastro de los CTP que contiene, revisar su trazabilidad para saber cuándo se contaminó?
—Lo que puedes saber es qué que cantidad de, por ejemplo, hexaclorobenceno, contiene la muestra de mantequilla. Estos controles se pueden hacer y, de hecho, se deben hacer, porque hay límites legales de concentraciones de estos compuestos. De dónde procede la mantequilla también deben saberlo las autoridades y los grandes distribuidores de alimentos.
¿Pero se puede saber cuándo exactamente se contaminó el alimento?
—Bueno, el principal problema es que estos compuestos tan persistentes también se detectan habitualmente ya en el pienso que comen los animales. Si no, ¿qué hace DDT en un cordero de pocos días? ¿Por qué hallamos DDT en un ternero pequeño? ¿Porque lo ha mamado de su madre. Pero su madre no es tan vieja… Entonces, porque lo ha comido en el pienso, ¿no?
Visto lo visto: ¿en este eslabón de la cadena también faltan controles?
—En Europa se hacen analíticas sobre la contaminación química del pienso y se intenta controlar, pero creo que hay que controlar todos los eslabones de la cadena alimentaria: desde el pienso hasta el producto que llega al consumidor. Creo que hay poco información disponible sobre qué controles hacen las autoridades en ganadería y qué controles hacen las grandes distribuidoras de alimentos. Porque estoy seguro que los hacen, y no siempre los dan a conocer. Hay empresarios que te dicen: «Yo, si me piden la información, la doy, pero si no, no».
¿O sea que en esto también se hace la vista gorda?
—No, lo que pasa es que a veces el consumidor aún no reclama esta información. Yo estoy convencido de que las autoridades y las empresas responden más a lo que lo que el consumidor pide de lo que muchos ciudadanos creen. Hoy en día, el consumidor tiene más poder del que a veces ejerce. Si pide información, las autoridades y las empresas tienden a darla. En resumen, hay administraciones y empresas que no quieren mirar, que no quieren hacer las analíticas porque saben seguro que hallarían problemas, pero también hay información que proporcionan las administraciones que no han sido objeto de suficiente reflexión por parte de las organizaciones ciudadanas.
¿Qué información habría que dar?
—Pues estos son los alimentos analizados y estas las concentraciones de CTP.
¿Qué comunidad española está peor en contaminación por CTP?
—No conozco ningún estudio que diga que los ciudadanos de tal parte están más contaminados que los de otra, pero es que no tenemos demasiada información representativa.
¿Se ha demostrado que hay correlación entre determinadas concentraciones de CTP en una zona y una mayor prevalencia de algunas enfermedades, como cáncer o diabetes?
—Ni estamos ignorantes totales, ni está completamente demostrado. Hay un cuerpo de conocimiento importante, aunque no suficiente, pero en ciencia nunca nada es suficiente. Está demostrado, por ejemplo, que las dioxinas son carcinogénicas. También hay estudios que indican que estos compuestos aumentan el riego de linfoma no-Hodgkin (LNH), etc. También existen varios estudios que demuestran que la diabetes es más frecuente en lugares donde hay mayor concentración de estos compuestos… Pero la pregunta que yo hago es: ¿cuánto conocimiento queremos tener sobre CTP y diabetes, alzhéimer, asma, párkinson, etc. antes de actuar?
¿Y su respuesta?
—Creo que con los conocimientos que tenemos sobre los efectos adversos en la salud de los CTP ya habría que estar actuando con más energía y celeridad. Aplicando con más energía la legislación vigente.
Fuente: ABC

El plan anticontaminación fracasa al no lograr reducirla el 30%

Domingo, 3 de Enero de 2010

Hay dos formas de verlo. Una: el plan contra la contaminación atmosférica en el área metropolitana de Barcelona no ha funcionado porque no ha logrado la meta prevista: reducir el 30% las partículas y las emisiones de óxido de nitrógeno antes del 31 de diciembre de 2009. Dos: el plan ha funcionado, pero no lo suficiente. La primera es la de los ecologistas. La segunda es la que utiliza el Gobierno catalán para justificar la prórroga del plan actual.

El decreto que establece la prórroga señala de forma explícita que algunas de las 73 medidas previstas no se han aplicado por “razones técnicas y por la coyuntura económica”, pero los intentos de conocer con detalle el desarrollo de esas medidas resultan infructuosos. El Departamento de Medio Ambiente no tendrá datos definitivos hasta final de mes, según su portavoz. Una cosa es segura, la limitación de velocidad en los accesos a Barcelona, la más potente de las 73 medidas del plan, seguirá vigente. Otras medidas consisten en sustituir electrodomésticos y calderas de calefacción viejas por aparatos menos contaminantes.

“La contaminación atmosférica es un problema importante. No se ve, pero va directamente a los pulmones. Si con lo hecho no se reduce, habrá que pensar en decisiones más drásticas”, explica Manuel Conill, director de la entidad ecologista Depana. Para Conill, lo hecho hasta ahora no basta, de modo que el Ejecutivo hará bien en plantearse medidas complementarias y más drásticas. Un ejemplo: además de seguir el límite de velocidad en los accesos, limitar el número de vehículos que circulan. Este sistema se ha usado en Suiza, que fijó temporalmente que los coches sólo podían circular los días pares, si su matrícula era par, y los impares, si ése era el número de su placa. Así bajó de forma drástica la emisión de gases.

Mientras que los ecologistas fueron informados de la situación y de la intención del Gobierno de prorrogar el decreto, la principal entidad de automovilistas, el RACC, que llevó la voz en cantante en sentido opuesto, no lo ha sido. “Nadie nos ha dicho nada”, explicó un portavoz de la entidad. “Esperamos que tras la Navidad el Ejecutivo nos informe”.

Medio Ambiente no ha decidido aún si aplicará otras medidas. “Hemos prorrogado el plan porque lo exige la Unión Europea (UE). No hemos llegado a los máximos tolerados y tenemos que plantear nuevas actuaciones, pero hasta entonces se prorrogan las medidas”, dijo un portavoz del Medio Ambiente.

El punto de partida era el exceso de contaminación en determinadas poblaciones del área de Barcelona, tanto de óxido de nitrógeno como de partículas de tamaño inferior a 10 micras, según las normas de la UE. Los principales focos de emisión son el tráfico rodado y la combustión de calderas domésticas.

La reducción de velocidad hasta los 80 kilómetros por hora en los accesos a Barcelona, primero, y la velocidad variable (que permite reducir aún más ese límite si las circunstancias lo aconsejan) han supuesto menos emisiones contaminantes, estimadas en un 13% a final de 2008. No hay aún datos de 2009. “No hemos llegado al 30%, pero estamos en el buen camino”, dijo un portavoz de Medio Ambiente. La misma fuente lamentó que la crisis haya impedido otras medidas como una renovación más potente de la flota de autobuses urbanos. “El 30% de nuestros vehículos funcionan ya con gas y los que circulan con gasóleo usan el que menos contamina”, según un portavoz de Transportes Metropolitanos de Barcelona.El plan anticontaminación lo pilota Medio Ambiente, pero participan en él otros departamentos: Política Territorial (controla carreteras y el transporte en general), Economía (del que depende Energía), Interior (por las medidas relacionadas con el tráfico) y Salud. Salvo Economía, el resto remitieron a Medio Ambiente. Economía, en cambio, sostiene que sus aportaciones van al ritmo previsto. Así, se ha subvencionado la renovación de 67.000 electrodomésticos por otros menos contaminantes, se ha destinado dinero a renovar calderas con igual fin y se trabaja en crear una red de surtidores de gas para vehículos.

Fuente: El Pais

Síndrome de Fatiga Crónica. Una enfermedad políticamente incorrecta

Sábado, 2 de Enero de 2010

El Síndrome de la Fatiga Crónica (SFC) es una enfermedad neuroinmunológica que afecta también a los sistemas endocrinológico y cardiovascular. Junto con la fibromialgia (FM) y el Síndrome de Sensibilidades Químicas Múltiples (SQM), es una de las tres enfermedades relativamente nuevas de la llamada “sensibilización central”. Las tres son enfermedades multisistémicas. Los estudios más recientes prueban que la mayoría de las personas que tienen una de estas enfermedades tienen también las otras dos con mayor o menos afectación. En España, por razones mediáticas y cultivados protagonismos políticos, se conoce más la fibromialgia, que usualmente causa más dolor que las otras dos. El SFC, aunque varía de persona a persona, es como una gran gripe permanente que afecta también a los vértices cognitivos del organismo (memoria, procesamiento de información, ubicación) y a otros sistemas del cuerpo.

Uno de los principales problemas que encuentran los enfermos de estas patologías emergentes y silenciadas que no “raras”, ha señalado Miguel Jara, es que cada una de ellas recibe un tratamiento diferente desde una especialidad distinta y en ocasiones se producen incompatibilidades. Un enfermo de SQM presenta generalmente intolerancia farmacológica, por lo que tratarle de FM y de SFC es aún más dificultoso: existe una gran superposición de trastornos entre los afectados de las tres enfermedades, son ramas de un mismo árbol. ¿Qué árbol?

    El de la contaminación ambiental con productos químicos nocivos y sus repercusiones en la salud humana. Como suele ocurrir con las enfermedades ambientales existe sinergia entre todas.

Àngels Martínez ha señalado que Pues tienes buena cara -de subtítulo: “Síndrome de Fatiga Crónica. Una enfermedad políticamente incorrecta”- es también, y afortunadamente, un libro tan políticamente incorrecto como necesario. Alguien, prosigue la economista marxista, “tenía que poner negro sobre blanco la narrativa personal de una enfermedad como el Síndrome de Fatiga Crónica”. Pocas personas podrían hacerlo mejor que Clara Valverde:

    […] que sabe escoger las palabras que mejor capturan y proyectan la incomprensión y el sufrimiento de las personas con SFC, pero que sólo llegan a oír y entender quienes escuchan desde la ausencia de dogmas, preconceptos y mediocridades tan al uso. Clara habla desde su experiencia y su dolor, pero en su libro se reconocerán muchas Claras –demasiadas– todas pacientes e impacientes, todas perplejas e insumisas.

En 1984, precisamente en 1984, Clara Valverde enfermó repentinamente de una dolencia severa que los médicos no sabía nombrar. Enfermó con un virus muy común, el citomegalovirus, parecido al de la mononucleosis, el conocido virus Epstein-Barr. Cualquier otra persona, ha contado la autora, hubiera estado enferma unos meses y se hubiera repuesto. Ella nunca se ha podido recuperar de esa “gripe”. Desconocía que tenía la predisposición genética que hacía que su sistema inmunológico y su bioquímica no pudieran enfrentarse a los virus de una manera normal. Durante más de seis años tuvo fiebres, infecciones y desmayos constantes. No sabía por qué. Su historia, la historia de la enfermera y profesora Clara Valverde, es muy parecida a la de la mayoría de la gente con SFC. Pasan años antes de que se diagnostique su enfermedad, aunque, según señala ella misma, es bastante fácil el diagnóstico si el especialista ya tiene experiencia con el SFC. Durante esos años de incertidumbre, la vida es un infierno, se duda de uno mismo. “Te dicen que lo que tienes es “nervios”, etc. Una pesadilla, un secuestro”.

Con esa sensación de desconcierto, Clara comenzó una búsqueda interminable que, según sus propias palabras, cambió el rumbo de su vida. En ese largo viaje, Valverde se encontró con la incomprensión de la sociedad, con las insuficiencias superables del sistema sanitario, con los comportamientos no siempre afables ni a la altura de las circunstancias de su entorno, con el ego, inaccesible en ocasiones, de los médicos y con las inconsistencias de la clase política bien establecida en las instituciones. Contó, eso sí, con la solidaridad de otros enfermos y enfermas que, como ella, estaban dispuestos a transformar su realidad y la misma realidad, y a luchar sin claudicaciones por sus derechos más básicos que, innecesario es decirlo, son derechos de todos y todas.

Componen Pues tienes buena cara una introducción, un epílogo y ocho capítulos: 1. Buscando la palabra. 2. Las palabras, entonces, ¿no sirven? 3. El síndrome de la incomprensión crónica. 4. Aun así, amor. 5. Y a ti, ¿quién te lleva? El poder de las batas blancas. 6. En el mundo de los otros. 7. Hacer visible lo invisible. 8. Perdonar las molécula confundidas.

¿Qué es entonces básicamente este ensayo, este sentido libro de Clara Valverde? Ella misma lo cuenta así en el epílogo:

    No, no es una historia de héroes ni un final feliz. Es un viaje por la geografía del miedo y por la libertad de lo no definido, un viaje para ir amando un oasis en el que la poesía quiere vivir en silencio para dejar espacio a la palabra. Intento juntar los extremos: palabra y silencio, palabra y eco de palabra. No estoy curada. Estoy sanada.
    Y existo queriendo, existo conciliando las partículas heridas, existo perdonando las moléculas afligidas, existo conviviendo con la memoria errónea de mi sistema inmunológico, existo oyendo en tu voz las palabras que invocan el eco de lo posible.

El doble registro –personal más informaciones científicas o comentarios político-científicos- con el que la autora ha construido su narración se complementan magnífica e ilustrativamente. Dos ejemplos entre otros muchos: Candance West, “Cuando el paciente habla de lo que está ocurriendo en su vida, el médico le interrumpe y guía la conversación hacia cuestiones técnicas” (p. 107) y Howard Waitzkin, “Los médicos en sus consultas con los pacientes, animan comportamientos individuales que son consistentes con los patrones dominantes de la sociedad” (p. 106).

El SFC, del que en realidad se sabe mucho, más que de la mayoría de las enfermedades que se suponen son “conocidas” -en el Reino Unido, Canadá y los EEUU hay campañas de publicidad para que la población general sepa que existe esta enfermedad invisible y cómo afecta a la persona y a su familia- no es rentable para la farmaindustria por dos razones básicas: 1. Afecta a varios sistemas del cuerpo de diferentes maneras. Con lo cual no hay una, dos o tres medicaciones que puedan servir a todos los afectados. Se necesitan 40 ó 50 diferentes tratamientos porque cada persona con el SFC tiene afectada una parte más que otra. Una persona puede tener muy afectada su sistema inmunológico, pero otra persona con SFC quizás tenga más afectado el sistema neurológico. Cada persona necesita, pues, un tratamiento específico. No es “rentable”. 2. La mayoría de las personas con el SFC no toleran los productos químicos porque el desarreglo que tienen es como la Sensibilidad Química Múltiple. Los tratamientos que toleran son los llamados tratamientos “naturales”. Ni la farmaindustria ni los gobiernos, que van de la mano de la farmaindustria ha señalado la propia autora, quieren saber nada de la medicina “suave”.

No está en los genes, decía Lewontin. No, no lo está, pero acaso ayuden en ocasiones. Clara Valverde es hija de aquel inolvidable poeta revolucionario, José Mª Valverde –“Al ejemplo que dejó mi padre, que tanto me ayuda a vivir con intensidad y rebeldía”-: la insumisión, el deseo, siempre insatisfecho, de un mundo más justo, más razonable, más humano, corre por sus venas y se plasma en una hermosa escritura que apunta al corazón de nuestras vidas y a la rebeldía permanente como una forma de estar y vivir en el mundo. Clara Valverde suele afirmar: «¿Esperanza? No. Lo que me mueve es la PASIÓN.» Lean y entenderán sus razones. No es casualidad que una cita de Alice Walker, una líder indigenista australiana, haya sido escogida por la autora para ilustrar uno de los apartados del ensayo: “No se puede desmantelar la casa del Amo con las herramientas del Amo”. José María Valverde lo dijo de otro modo no menos certero: “No queremos abandonar ante el llamado nuevo orden nuestra conciencia de la dignidad de todos y la esperanza en algún futuro de rebeldía”.

Fuente: Rebelión

Las ciudades, los ciudadanos y los compromisos frente al Cambio climático

Jueves, 31 de Diciembre de 2009

El desarrollo y el progreso nos han ido acercando a un abismo de violencia y descomposición, por Mario Vargas Llosa

La propaganda de la Junta de Andalucía nos asegura que “un hogar puede hacer tanto como un gobierno”. ¿Es esto cierto?: sólo en sentido amplio, porque los sectores “difusos”, los que no están regulados por los protocolos de limitación de emisiones de gases de efecto invernadero (urbanismo, servicios, residuos, transporte,…) dependen en gran parte de los hábitos despilfarradores o sostenibles que tengan los ciudadanos.

El 50% de las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) son resultado de la actividad cotidiana y la otra mitad restante de las industrias. Sin embargo, en cuanto a la responsabilidad en la reducción de CO2, la afirmación es por completo falsa. La mayor culpa del fracaso de Copenhague al no alcanzar compromisos de reducción drástica de CO2 y del incremento de emisiones de GEI en España (52,3%) y en Andalucía (85,4%), datos de 2007 respecto a 1990, son de la Administración y de las grandes empresas.

Aunque la consejera de Medio Ambiente de Andalucía, Cinta Castillo, haya visitado Copenhague para sacar pecho en relación a lo bien que está funcionando el Plan Andaluz de Acción por el Clima, la realidad es bien distinta y se da de bruces contra los triunfalismos oficiales.

En el caso de las industrias andaluzas, el 23% emitió en 2007 más GEI de los oficialmente asignados por el Ministerio de Medio Ambiente. Aunque en estos dos últimos años sí se ha logrado una estabilización y disminución de emisiones, gran parte es resultado de la crisis económica (y de producción) que soporta todo el tejido industrial andaluz, y sólo en menor medida producto de decisiones programadas de disminución de emisiones. Es difícil deslindar el porcentaje de resultados achacables a la crisis, pero se puede hacer: en el caso de generación de residuos peligrosos, Andalucía registró una reducción del 4,5% en 2008 respecto al año anterior.

Ecologistas en Acción pidió una identificación de las causas de este logro; la Consejería de Medio Ambiente reconoció que en los planes de minimización de residuos el 81% de las empresas habían obtenido estos resultados como consecuencia de un descenso en la producción, además de valorar como “poco significativas” las disminuciones de residuos.

En el Informe Medio Ambiente en Andalucía 2008, la Consejería reconocía este fracaso: “En cuestión de medio ambiente urbano, tanto el consumo de energía eléctrica como la producción de residuos urbanos en las ciudades andaluzas de más de 10.000 habitantes, siguen una tendencia y evolución desfavorables”.

¿Estamos hablando del 80% de la población andaluza con prácticas insostenibles, decimos que las tendencias son negativas y nos ufanamos de los buenos resultados del plan de lucha contra el Cambio Climático andaluz? Hay algo que no cuadra. ¿Cuál es la clave de esta distorsión entre la realidad ambiental y su percepción oficial?.

A mi juicio, la disociación que tienen muchos responsables públicos entre lo que es la tozuda realidad y la visión deformada que obtienen de sus planes, programas y proyectos. Así como los malos periodistas sostienen que nunca una realidad debe desbaratar un buen titular, los mediocres políticos que padecemos (el tercer gran problema político de los españoles, según las últimas encuestas), confunden hechos con deseos y no consienten que aquellos se sobrepongan a éstos. Algo parecido al wishfull thinking de los anglosajones.

En vez de fomentar el ahorro energético y el fomento de las energías renovables, Andalucía, y muy en particular Cádiz, ha vivido estos últimos años una invasión de centrales térmicas que según la Junta de Andalucía y los ayuntamientos en los que se han localizado, no contaminan.

En vez de fomentar políticas de movilidad sostenible, con planes urbanísticos que minimicen la necesidad de desplazamientos y fomenten la peatonalización, el uso de la bicicleta y el transporte público, se ha dedicado la mayor parte de la inversión pública a construir autopistas y variantes, primando el vehículo privado como rey indiscutible del transporte.

Los datos de emisiones son alarmantes, y dicen muy poco del compromiso de Andalucía en la lucha contra el Cambio Climático.

Otro indicador ambiental que nos marca signo negativo es la calidad (o la ausencia de ella) del aire que respiran los españoles. El 89% de las ciudades españolas de más de 100.000 habitantes superan los niveles permitidos de contaminación: partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno, ozono troposférico,… están entre los responsables de las 16.000 muertes al año en España causada por la contaminación, según datos del Observatorio de la Sostenibilidad de España. ¿Qué sucede entonces con las famosas 140 medidas del Plan Andaluz de Acción por el Clima, del Programa Ciudad 21 para el desarrollo sostenible de las urbes, de la Red Española de Ciudades por el Clima, del Pacto de Alcaldes contra el Cambio Climático?.

El Programa de Sostenibilidad Ambiental Ciudad 21 alcanza ya al 96% de las ciudades andaluzas, lo que supone el 85% de la población total de Andalucía. Valorando y verificando los logros y las insuficiencias del Programa, comprobamos iniciativas muy interesantes pero puntuales, que no han logrado invertir tendencias insostenibles ni afianzar buenas prácticas ambientales. Tampoco el hecho de que el “Pacto de Alcaldes” auspiciado por la Comisión Europea haya sido suscrito por más de la mitad de los 771 ayuntamientos andaluces, se proyecta en resultados y logros perdurables.

Son magníficos los planes de movilidad urbana que han logrado recuperar el tranvía y rescatar la bici como vehículo ordinario de transporte; sin embargo, la hegemonía (dictadura) del coche privado sigue haciendo invivible la movilidad de las ciudades. En muchos de esos “compromisos” ambientales no se ha pasado de la fase de diagnóstico, no se han evaluado resultados o se han superpuesto a políticas al servicio del vehículo privado, como son los aparcamientos subterráneos en los cascos urbanos. La limitación y el fracaso de estos planes de “movilidad sostenible” son evidentes cuando son además de, no en vez de, como sería lo razonable.

Sevilla con su potenciación de la bici, el metro y el tranvía, Barcelona con su modelo de ciudad compacta, son espejos en los que podemos mirarnos. La ciudad condal, en el estudio realizado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona, saca buena nota en la medición de su huella ambiental. Analizando siete indicadores, componentes del inventario urbano, combustibles para electricidad, calefacción y uso industrial, procesos industriales, transporte terrestre, aviación, tráfico marítimo y residuos, obtiene una media de emisiones de CO2 por habitante y año inferior a 5 toneladas, casi la mitad de la media española.

Otro caso espectacular (y caro) es el de Masdar City, la ciudad libre de CO2 diseñada por Norman Foster en Abu Dhabi y de improbable aplicación después de la crisis que se abate sobre este país del Golfo Pérsico. Los petrodólares financiarían una ciudad de 50 mil habitantes en la que parques fotovoltaicos, plantas solares, instalaciones geotérmicas, desalinizadoras e hidrogeneras, asegurarían residuos y emisiones cero.

Repasando las 20 “orientaciones” de la Estrategia Andaluza de Desarrollo sostenible de 2003, reconocemos cómo no se han trasladado a la realidad cotidiana. No hemos reducido el ruido, ni la generación de residuos sólidos urbanos, ni disminuido el tráfico motorizado, ni reutilizamos las aguas depuradas, ni hemos frenado el crecimiento urbanístico (salvo lo que ha logrado la crisis), ni, para rematar la faena, la colaboración y coordinación institucional brillan , salvo por su ausencia. Mal balance, que los mantras de “economía sostenible” de Zapatero no podrán mejorar.

De las 140 medidas de “mitigación” que contemplaba el Plan Andaluz de Acción por el Clima 2007-2012, ya señalaba en un artículo anterior que muchas eran compromisos vacíos de contenido. El incremento de las emisiones tanto de los sectores industriales como de los “difusos” (urbanismo, transporte, residuos,…), pone en evidencia el fracaso del Plan y la ausencia de compromisos reales de reducción.

Los 60,6 millones de toneladas de gases de efecto invernadero emitidas en Andalucía en 2004, se han convertido en 67,8 toneladas en 2007. Las 8,04 toneladas de CO2 por habitante y año de 2004, son ya 8,42 toneladas en 2007.

El propósito del Plan andaluz de reducir de aquí a 2012 en un 19% las emisiones de gases de efecto invernadero (respecto a 2004), no se está cumpliendo para nada en Andalucía.

Si este Plan surgió del consenso y participación, el cambio de responsables de la Consejería de Medio Ambiente ha arrastrado una parálisis en cuanto a gobernanza y discusión. Desmantelada la Dirección General de Sostenibilidad en manos de Andrés Sánchez (Los Verdes) y subsumida en la muy ineficiente Dirección General de Cambio Climático y Medio Ambiente Urbano, los foros de Participación no se convocan, no hay seguimiento de los logros (o más bien de los fracasos) en la aplicación de las 140 medidas y los planes de adaptación al Cambio Climático no salen de los despachos de los técnicos. Para rematar la faena, la página web de la Consejería de Medio Ambiente, abierta y participativa en manos de Cecilia Gañán, cada vez es más restrictiva y tacaña en acceso a la información. El Centro Complutense de Estudios e Información Ambiental acaba de sacar un amplio estudio (disponible en www.cambioglobal.es y en www.sostenibilidad-es.org), que reclama de las ciudades españolas un pacto ante el Cambio Global. A través de una plataforma de comunicación de sostenibilidad urbana y territorial, alientan a crear instrumentos que estimulen el debate sobre la sostenibilidad de nuestras ciudades y contribuyan a provocar las reacciones necesarias ante el desafío del Cambio Global.

Mientras que las dos terceras partes de los municipios andaluces han sido incapaces de adaptar sus planes urbanísticos a la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía, que restringe el crecimiento urbano para no colapsar la biocapacidad del territorio e incrementar las emisiones y los residuos, los 7 años transcurridos desde la LOUA no han puesto fin al cáncer del urbanismo difuso (y en muchos casos ilegal) que sigue impidiendo afrontar de verdad las emisiones contaminantes de las ciudades.

Ecologistas en Acción de Andalucía exige del gobierno andaluz la adopción de medidas reales y eficaces de reducción de gases de efecto invernadero, con compromisos firmes y verificables, que afecten tanto a grandes instalaciones industriales, como a los sectores de urbanismo y transporte, de forma que alcancemos resultados que puedan hacer frente al mayor desafío actual ambiental de la humanidad : el Cambio Climático.

Hay que hacer las cosas en las que uno cree y creer en las cosas que uno hace.

Fuente: Ecologistas en Acción

Pobreza energética en el 25% de los hogares del mundo

Domingo, 20 de Diciembre de 2009
Las facturas de la electricidad o el gas hacen temblar la economía doméstica, y la temperatura del hogar no es la más apropiada. A esta situación se enfrentan 50 millones de europeos que sufren la denominada “pobreza energética”. Además del bolsillo, la salud y el medio ambiente se resienten con esta situación. Las instituciones y los consumidores pueden tomar diversas medidas prácticas para combatir este problema.

Qué es la pobreza energética

Tener electricidad en casa parece un servicio al alcance de todos. Pero no es así. Casi una cuarta parte de la humanidad, en su mayor parte en países en vías de desarrollo, carece de acceso a este bien, según el informe “World Energy Outlook 2009″ de la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

En los países desarrollados, el acceso a la electricidad es más sencillo, pero no significa que sea suficiente. Una parte de la población sufre la denominada “pobreza energética”. Este concepto, definido por primera vez en Gran Bretaña en 1988, se refiere a los consumidores que destinan más del 10% de sus ingresos a pagar las facturas de energía. Estas personas no son capaces de mantener su hogar a una temperatura adecuada (20º C en invierno y 25º C en verano) por un precio justo.

El proyecto europeo European Fuel Poverty and Energy Efficiency (EPEE) estudia este fenómeno. Sus responsables calculan que unos 50 millones de europeos están en situación de pobreza energética. En España, la ONG Ecoserveis, participante en el proyecto EPEE, destaca los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida 2007 del Instituto Nacional de Estadística: un 10% de la población española no puede mantener una temperatura adecuada en el hogar.

La pobreza energética implica varios impactos sociales, sanitarios y medioambientales. La calidad de vida de estos consumidores se resiente, a la vez que acumulan deudas por el sobreesfuerzo en el consumo energético y el cada vez más alto precio de la energía.

En una casa mal climatizada, sus inquilinos están más expuestos a problemas de salud relacionados con el frío y la humedad. Los enfermos crónicos, niños y ancianos son los más afectados.

Una de las causas principales de la pobreza energética es la mala calidad de las viviendas. En España el 60% del parque se construyó con anterioridad a la normativa de regulación térmica. Estos edificios pierden calor y necesitan más energía para mantener la temperatura. Otra de las causas es la baja eficiencia energética de los aparatos, bombillas, sistemas de climatización, etc., utilizados en estas casas. El consumo eléctrico es mayor, y con ello, el impacto ambiental de la generación energética, como las emisiones de dióxido de carbono (CO2) causantes del efecto invernadero.

Cómo hacer frente a la pobreza energética

Marta García, consultora de Ecoserveis, asegura que para abordar este problema hay que actuar sobre sus tres causas principales: nivel de ingresos, calidad en la edificación y precios de la energía.

Las medidas preventivas tendrían que ser prioritarias. Las viviendas de protección oficial, ocupadas en principio por familias vulnerables, deberían contar con criterios superiores de eficiencia energética.

Otra medida sería la de ofrecer bonos para el pago de facturas de energía a las personas mayores. En Inglaterra, el Gobierno destina 100 millones de euros para cubrir los costes de las tarifas sociales y ayudar a las familias más vulnerables. Las personas mayores de 60 años reciben 300 euros al año como medida contra la pobreza energética. En España habrá que esperar a tener los datos del nuevo bono social, puesto en marcha en julio de este mismo año.

Algunas instituciones han empezado a incluir el concepto de pobreza energética en sus planteamientos. La nueva Directiva del Mercado interior de electricidad (2002/91/CE) (y la de gas también) obliga a los Estados Miembros a desarrollar Planes para abordar este tema. Como el resto de directivas europeas, España deberá transponerla para que su aplicación sea efectiva. En el ámbito autonómico, el Gobierno catalán lo ha incorporado en su planificación energética para 2015.
Qué pueden hacer los consumidores

Los consumidores pueden asumir diversas medidas para combatir la pobreza energética. En primer lugar, pueden prestar atención a sus facturas de energía y comprobar si se ha contratado una tarifa adecuada. En la actualidad, los consumidores con menos de 10kW de potencia contratada pueden escoger entre la Tarifa de Último Recurso (precio máximo fijado por el Gobierno) o ir al mercado libre a pactar las condiciones con una comercializadora.

La potencia contratada es otro elemento que los consumidores pueden elegir y reducir hasta lo necesario. A igual consumo, la factura será mayor cuanto mayor sea la potencia contratada. Para hacerse una idea, se puede analizar el conjunto de equipos que se quieren tener encendidos al mismo tiempo. Para un piso medio con cocina y calefacción de gas suele ser suficiente una potencia de 3,3kW o incluso menos.

La reducción del consumo energético es otra medida clara que se puede lograr con diversos consejos:

* Utilizar la energía sólo cuando sea necesario. Ser conscientes de que es un bien escaso que conlleva un impacto medioambiental, social y económico más grande del que parece.
* Sustituir las bombillas incandescentes por otras de bajo consumo.
* Contar con electrodomésticos de eficiencia energética A o A+.
* Regular la calefacción con termostatos y encenderla durante el día unas pocas horas, suficiente para que el calor acumulado se mantenga para el resto de la jornada.
* Invertir en aislamiento de paredes, ventanas e incluso tuberías y conductos de ventilación y climatización al construir o rehabilitar una casa. Las comunidades autónomas ofrecen ayudas que cubren hasta el 60% de esta inversión.
* Instalar contrapuertas y contraventanas.
* Evitar las fugas de calor, que pueden suponer entre el 5% y el 30% del malgasto energético. En el mercado se pueden encontrar diversos materiales y sistemas asequibles que permitirán acabar con este problema.
* Realizar un correcto mantenimiento de las calderas y otros sistemas de climatización.
* Los ventiladores de techo reversibles pueden utilizarse en invierno para hacer circular el calor y ahorrar costes de calefacción hasta en un 10%.
* Aplicar sistemas basados en energías renovables (para ello también se pueden solicitar diversas ayudas institucionales).
* Vestir de acuerdo a las condiciones climatológicas: estar en casa en camiseta de manga corta durante el invierno supone un uso excesivo de la calefacción.
* Utilizar contadores inteligentes para un control más exacto del consumo eléctrico.

Funte: Econoticias

El 50% de las intoxicaciones alimentarias se deben a incorrectas medidas de limpieza en el hogar.

Jueves, 17 de Diciembre de 2009

Una correcta limpieza y desinfección del hogar ayuda a prevenir la aparición de gérmenes que pueden perjudicar nuestro organismo.

Barcelona, diciembre de 2009.- La limpieza y desinfección del hogar es recomendable más allá de si se tienen niños o no, ya que ayuda a evitar la transmisión de bacterias y gérmenes que pueden habitar en el hogar. Por este motivo, tener una casa limpia y desinfectada es una forma de prevención de infecciones como la Salmonela y virus griposos.

Llevar una vida sana, no sólo supone un buen cuidado corporal, vigilar los alimentos que comemos y cuánto deporte practicamos, sino que también se basa en intentar mantener un entorno limpio, desinfectado y menos contaminado.
El 90% de la población no es consciente de que el hogar es uno de los principales focos de infecciones.

Otras estadísticas de interés:

Tan sólo un 14% de la población considera que su nivel de educación sobre riesgos de infección es bueno. Como muestra, cabe destacar que 1 de cada 3 personas no limpia la cocina con productos desinfectantes. Estos datos se deben tener en cuenta, ya que las zonas de mayor riesgo de contagio se concentran principalmente en el hogar.

Zonas como la cocina y el baño, son estancias con mayor riesgo de contaminación, por lo que facilitan el contagio de infecciones. Principalmente, disponen de un entorno húmedo propicio para el desarrollo de gérmenes y microorganismos varios. La limpieza en estas zonas no es suficiente, también es recomendable desinfectarlas. Al llevar a cabo una desinfección se elimina todos los microorganismos, mientras que si sólo se limpia, simplemente se elimina la suciedad, pero no los gérmenes.

Fuente: Noticias Medicas