Las emisiones españolas de CO2 han aumentado casi un 28% desde 1990
Martes, 4 de Mayo de 2010
Fuente: Ecoticias

Fuente: Ecoticias
Desde los primeros días del mundo, La Tierra ha sido maltratada por el hombre, razón por la cual está reaccionando a través de terremotos, inundaciones, sequías extremas, entre otras maneras de decir que está viva, que ya basta de molestarla

Arrhenius investigó acerca del peligro de la combustión fósil, que sube la temperatura de La Tierra. Sus teorías no fueron tomadas en cuenta, porque creían que el dióxido de carbono (CO2) no influía en el efecto invernadero. Pero años más tarde, en 1938, varios ensayos -donde apuntaban a la corrección de los cálculos de Arrhenius- donde admitía que tenía razón, toda vez que el CO2 sí incrementaba la temperatura global. Esta teoría es conocida como “Efecto Calendar”.
UNA MIRADA AL PASADO REMOTO
Las grandes quemas ocurridas en la prehistoria impregnaron las fosas nasales de primates y cubrieron de hollín las hojas de los árboles y hasta las alas de los inimaginables dragones de la imaginería futura. De esos eventos, desde la eventración de los dinosaurios producto de la caída de asteroides y rocas celestiales, quedaron los restos de lo que hoy es el petróleo. Los huesos de los inmensos animales se convirtieron en aceite, en eso que fue denominado el “estiércol del diablo”.
Ese “mene”, así llamado por algunas comunidades aborígenes lo usaban como brea para cubrir las embarcaciones y alejar los mosquitos, es el factor más peligroso contra el medio ambiente. El pasado, entonces, resucita en una tragedia que hoy es el tema más preocupante en los foros internacionales.
La revolución industrial de finales de 1700 también contribuyó con la desaparición de muchas tradiciones naturales. El colectivismo, la concentración urbana, la industrialización, las chimeneas, contribuyeron con la aparición de enfermedades, no sólo biológicas sino sociales. Cambios de conducta en la población, en la pureza del aire y del agua. Un perfil delictuoso afloró con la codicia industrial y los abusos contra los elementos. De modo que la contaminación ambiental es de vieja data, pero no tan invasiva como es ahora. El mundo no era lo suficientemente conocido. El hombre aún conservaba la costumbre artesanal de sobrevivir.
LA TEORÍA DE ARRHENIUS
Pasados muchos años, estudios y nombres han sacudido la conciencia de científicos y empresarios industriales. Se ha llegado a la conclusión de que el efecto invernadero puede provocar catástrofes, tanto en todo el globo como en algunas regiones vulnerables. Efectos en el medio ambiente como en lo económico y lo biológico afectan la agricultura. Los resultados de esta teoría han abierto las posibilidades de estudio para concluir que a la vuelta de 40 ó 50 años la próxima guerra mundial podría ser por el agua.
Arrhenius estuvo cerca. Otros estudiosos redondearon su teoría y añadieron que cierta inestabilidad causada por el hambre, las enfermedades y los niveles del agua marina, harían más riesgosa la vida terrena. Los movimientos migratorios así lo han manifestado. Crecientes, grandes sequías, maremotos, terremotos, entre otros males, abren la puerta a otros riesgos de índole política, sociales, de seguridad, así como el terrorismo, el genocidio y las invasiones.
UN GLACIAL EN EL TRÓPICO
Las noticias de los últimos días dan cuenta de una inmensa masa de hielo a la deriva. Se trata de un glaciar de 78 kilómetros cuadrados, tan grande como cualquier ciudad importante de Venezuela. Fuera de su ambiente, el glacial se derrite y eleva el nivel de las aguas costeras.
En Argentina, el desprendimiento de una gigantesca masa helada fue convertido en un espectáculo. Pese a que advierten que se trata de la pérdida de un atractivo turístico, la noticia tuvo visos de un reality show que reunió a la gente para comentar y echarse unos tragos. Veían el evento como la caída de un viejo edificio, implosionado por cuestiones de seguridad comunal.
Los expertos destacan que la disminución de los glaciares, los cambios bruscos meteorológicos han provocado la muerte de muchos ecosistemas. Por ejemplo, el nicho de agua más importante de La Tierra está en el Amazonas, región que hoy se ve afectada por las quemas, la tala de árboles, el uso indebido de químicos en la explotación minera, así como el empleo indiscriminado de dióxido de carbono para poner a funcionar maquinarias. De esta manera se habla del “apocamiento de los ecosistemas”.
De continuar el desprendimiento de hielo de los polos, los mares subirán entre 1 y 2 centímetros por decenio. Se dice que entre 1990 y 2100 el mar se elevará entre 9 y 99 centímetros. De modo que si se derrite la Antártida el mar ascenderá unos 125 metros. Desaparecerían puertos y ciudades cercanas a la costa que estén por debajo del nivel del mar. En Venezuela, por ejemplo Cumaná y Cabimas, reúnen estas condiciones. Ya en Chile, con la frecuencia telúrica de las capas tectónicas, ciudades han sido desplazadas de su sitio. Así como puertos turísticos arrasados por tsunamis que han borrado del ojo humano los micromapas del país. Tan fuerte fue el temblor en ese país austral, que el eje de la tierra se desplazó 8 centímetros. De modo que estamos hablando de un cataclismo.
Los deslaves de El Limón y de la costa mirandina provocaron cambios en la fisonomía geográfica, en la flora y la fauna, en la estructura urbana y en la presencia humana. La Tierra está viva, se mueve, late como un corazón acelerado.
Sequía, inundaciones, calor excesivo, abundosas nevadas. El Trópico y el Norte cuestionados por la inestabilidad climática. Dos personajes hoy muy populares dan cuenta del temor de la humanidad: “El Niño” y “La Niña”, una pareja que se ha revelado para mostrar los abusos del hombre contra la naturaleza. El Niño provoca sequías en muchas regiones del mundo. La Niña ocasiona peligrosas inundaciones. La sequía y el exceso de lluvias traen consigo el decaimiento de la producción agrícola y pecuaria. Igualmente, la producción de energía eléctrica, cuando ésta es producida por corrientes como la del río Caroní en Venezuela, entre otros afluentes. Con la sequía, el calor imperante en todos los pueblos. Y con el calor, la llegada de la calina, un fenómeno que causa la pérdida de la calidad de vida de los seres vivos, como problemas respiratorios, en la piel, etc.
“La Niña” llega con todo su poder y activa las bajas temperaturas. Las nevadas ocurridas en Barcelona y un frío intenso en las costas del norte de África así lo confirman. Hace poco los catalanes se quejaban de la nieve y de las bajísimas temperaturas, cuestión que no sucedía en muchas décadas. De modo que estos “bebés”, que llegaron al mundo sin pañal, fueron invocados por la torpeza y el abuso del ser humano. La Tierra así reacciona, como un animal que despierta para advertir que lo están molestando.
Los científicos han informado que el llamado efecto El Niño incrementaría la temperatura 0.15 grados centígrados por decenio, pero podrían ocurrir cambios repentinos, bruscos, anómalos y caóticos como tormentas, huracanes, sequías extremas y la consiguiente modificación de la flora y la fauna. También la reaparición de enfermedades ya superadas como la malaria, el dengue, la fiebre amarilla, entre otras, y la caída de la producción agrícola y pecuaria.
OTROS MALES, OTRAS TEORÍAS
El efecto invernadero provoca la aparición de los gases invernaderos, como el CO2, sustancias químicas que envenenan el aire, las aguas, las plantas y animales. La desaparición de microclimas, la aparición de males desconocidos. Muchos médicos buscan la forma de explicar enfermedades respiratorias y cutáneas nunca vistas.
Otra teoría es la de la variación solar, punto clave o neurálgico de la actividad solar durante las últimas seis décadas. Un sol más brillante cae sobre el lomo de La Tierra. Luz que afecta la salud y provoca grandes incendios, como los de California o Australia. La baja producción en la pluviosidad ha ampliado la posibilidad de quemas en Amazonas, así como la pérdida de la capacidad en las corrientes de los ríos. Se habla también de las variaciones orbitales del planeta, como la provocada por el terremoto de Chile. La reducción de la placa de ozono, mal causado por la excesiva producción industrial, ha sido uno de los factores que han provocado cambios peligrosos en su casa grane, La Tierra.
¿QUÉ HACER?
Es irreversible todo el mal provocado. Arrhenius lo previó todo. Casi se acercó a lo que está pasando hoy. Un mapa trágico sobre la atmósfera terrestre nos dice -como afirmó Nostradamus y Los Mayas- de la desaparición de La Tierra, de terremotos, tsunamis, incendios, inundaciones, migraciones, genocidios, violación de las leyes ambientales, etc. Frente a esta realidad han aparecido organizaciones de defensa del ambiente, como Greenpeace, encargados de vigilar el respeto a la naturaleza. Han enfrentado el uso indiscriminado de la industria. Han luchado contra la muerte de ballenas, delfines, animales del mar y de la tierra. Han estado presos por marchar en ciudades contra la inconsciencia de gobiernos abusivos, quienes desplazan zonas campesinas para convertirlas en emporios urbanos e industriales.
No se trata de conjurar o adivinar a través de viejos documentos metafísicos. Se trata de ver los resultados provocados por la mano del hombre. Será el mismo ser humano quien encare la situación y le busque soluciones, como el menor uso de la combustión fósil, revertir los efectos del dióxido de carbono con el menor uso de aires acondiciones y otras comodidades citadinas. Dejar de lanar en ríos, mares y lagos los desperdicios del consumo.
Si bien aquel científico, Svante August Arrhenius no vio lo que está pasando, sí tuvo una idea de lo que podría ser la tierra de nuestras angustias. Mucha ha sido la literatura estudiada. Mucho lo escrito para dar al traste con las molestias provocadas por la naturaleza, hoy una fuerza subversiva, como la ciencia ecológica, dispuesta a defenderse de los malos negocios del hombre. De modo que se trata de tener una mirada diferente, un trato distinto con La Tierra.
Ver el cauce muerto de un río da dolor, pero es más hondo el significado. Un río seco es la muerte. O un cauce podrido contamina el resto de los ríos, lagos y mares.
Sin ir muy lejos: el Lago de Los Tacarigua, más conocido como Lago de Valencia, recibe “agua” de una veintena de corrientes, todas contaminadas. De modo que el líquido que lo hace lago no se puede consumir, y los intentos por sanearlo se ha quedado en eventos de corrupción y demagogia.
El calor de esta hora, el agotamiento del cuerpo y la pérdida de la paciencia en larga cola de vehículos tienen que ver con todas las “travesuras” cometidas por el poder industrial, un mal mayor que debe ser corregido, hasta convertirlo en el mal menor mediante medidas de protección ambiental.
La combustión del gas para calefacción o cocina emiten componentes tóxicos.
El uso del extractor y ventilar el ambiente interior reduce los efectos.
Investigadores del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (Creal)-IMIM Hospital del Mar (España) publicaron un estudio en el que constatan que la combustión de gas en los hogares puede afectar al desarrollo neurosicológico de los niños y que este se puede ver agravado cuando existe determinada susceptibilidad genética.
Diferentes estudios han revelado los posibles efectos nocivos en el desarrollo infantil y cómo la combustión del gas para la calefacción y para la cocción de alimentos puede ser una fuente de contaminación añadida.
Estas actividades domésticas tan habituales en los países desarrollados producen dióxido de nitrógeno, uno de los óxidos de nitrógeno más tóxicos para las células.
Para evitar el estrés oxidativo provocado por este tipo de sustancia tóxica, los organismos disponen de un mecanismo en el que el gen GSTP1 codifica para la síntesis de una proteína antioxidante que es muy activa durante el primer año de vida en el cerebro de los bebés.
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| La combustión de gas para calefaccíón y cocción de alimentos es una fuente de contaminación añadida. |
En el estudio del Creal-IMIM, publicado en American Journal of Epidemiology, se hizo seguimiento de 482 niños españoles, a lo largo de los tres primeros meses y a los cuatro años.
En una primera fase, analizaron la calidad del aire que respiraban en sus domicilios de residencia y cuál era la concentración de óxidos de nitrógeno presentes en el ambiente.
En la segunda, a los cuatro años, cada niño fue evaluado con respecto a sus principales funciones cognitivas a través del test McCarthy.
El análisis de los resultados refleja que, con independencia de otros factores socioculturales, la contaminación ambiental en los hogares está relacionada con el desarrollo cognitivo de los niños; que las concentraciones de dióxido de nitrógeno intervienen con la aparición de trastornos del comportamiento y que estos efectos no deseables se ven cuando el individuo es portador de una variante del GSTP1 incapaz de eliminar los oxidantes.
Los investigadores sostienen que el uso del extractor reducía los efectos, así como ventilar el ambiente interior mientras se cocina con gas.
Asimismo, pese a que la combustión puede afectar a las funciones cognitivas, consideran necesario seguir estudiando para saber si estos efectos desaparecen con la edad.
Fuente: Cooperativa

La calidad de un aire interior
La medición de los niveles de dióxido de carbono en un edificio permite detectar la existencia de problemas de calidad de aire por carga química pero también puede utilizarse en estudios relacionados tanto con el suministro de aire como en su distribución a las zonas ocupadas del edificio.
Introducción
El dióxido de carbono es un gas incoloro e inodoro que se forma en todos aquellos procesos en que tiene lugar la combustión de sustancias que contienen carbono. En ambientes interiores no industriales sus principales focos son la respiración humana y el fumar; aunque los niveles de dióxido de carbono también pueden incrementarse por la existencia de otras combustiones (cocinas y calefacción) o por la proximidad de vías de tráfico, garajes o determinadas industrias.
La concentración de dióxido de carbono en un ambiente interior puede aportar información sobre distintos aspectos y circunstancias de un edificio tales como posibilidad de efectos sobre la salud de sus ocupantes, correlación con problemas y quejas por olor o como dato para estudiar la ventilación de un local.
Para la determinación del dióxido de carbono pueden utilizarse tubos colorimétricos o monitores portátiles ya sean fotoacústicos o de infrarrojo, siendo estos últimos los más versátiles y de uso más extendido, ya que permiten tanto mediciones puntuales como mediciones promediadas en el tiempo mediante la utilización de acumuladores de datos que luego pueden estudiarse con un equipo informático.
Es muy importante que la persona que lleve a cabo las mediciones mantenga el sensor lejos de su área respiratoria, ya que en la respiración se expiran entre 30.000 y 40.000 ppm de dióxido de carbono, cantidades que pueden falsear las lecturas.
El dióxido de carbono como contaminante
El dióxido de carbono es un asfixiante simple que actúa básicamente por desplazamiento del oxígeno y que a elevadas concentraciones (>30.000 ppm) puede causar dolor de cabeza, mareos, somnolencia y problemas respiratorios, dependiendo de la concentración y de la duración de la exposición. Es un componente del aire exterior en el que se encuentra habitualmente a niveles entre 300 y 400 ppm, pudiendo alcanzar en zonas urbanas valores de hasta 550 ppm. El valor límite de exposición profesional (LEP-VLA) del INSHT para exposiciones diarias de 8 horas es de 5.000 ppm con un valor límite para exposiciones cortas de 15 minutos de 15.000 ppm. Estos valores son difíciles de encontrar en ambientes interiores no in dustriales como son oficinas, escuelas y servicios en general. En la práctica, en estos recintos se encuentran valores de 2.000 y hasta 3.000 ppm. Si se superan estos niveles puede deberse a una combustión incontrolada, en cuyo caso el riesgo para la salud puede no ser debido al dióxido de carbono sino a la presencia de otros subproductos de la combustión, principalmente el monóxido de carbono (CO), cuyo límite de exposición es muy inferior (25 ppm).
El dióxido de carbono como indicador de olor
La emisión de dióxido de carbono en la respiración humana está ligada a la de otros productos procedentes del metabolismo humano (agua, aerosoles biológicos, partículas, alcoholes, aldehídos, etc.) llamados bioefluentes y responsables de la carga de olor por ocupación humana de un local. Por ello, el nivel de concentración de dióxido de carbono en un ambiente interior puede tomarse, si no hay otras fuentes contaminantes, como indicador de la carga de olor existente debida a sus ocupantes. Para establecer valores de referencia se han realizado estudios con personas a distintas tasas de ventilación y aunque existen datos que sugieren que a 600 ppm los individuos más sensibles ya manifiestan quejas y molestias, en la práctica se acepta que no debe superarse una concentración de 1.000 ppm de dióxido de carbono con el fin de evitar problemas de olor y para que el aire sea considerado aceptable para aproximadamente el 80% de los visitantes del local. Los ocupantes adaptados, es decir los que llevan un cierto tiempo en el local, pueden no notar molestias, en términos de olor corporal, hasta que la concentración de dióxido de carbono supera 2.000 ppm. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el hecho de que no se superen en un local estos niveles de dióxido de carbono no garantiza la ausencia de compuestos de origen distinto a los ocupantes (materiales, productos de consumo, actividades, etc.) que puedan ser molestos o nocivos para la salud.