Archivo de Diciembre de 2009

Las ciudades, los ciudadanos y los compromisos frente al Cambio climático

Jueves, 31 de Diciembre de 2009

El desarrollo y el progreso nos han ido acercando a un abismo de violencia y descomposición, por Mario Vargas Llosa

La propaganda de la Junta de Andalucía nos asegura que “un hogar puede hacer tanto como un gobierno”. ¿Es esto cierto?: sólo en sentido amplio, porque los sectores “difusos”, los que no están regulados por los protocolos de limitación de emisiones de gases de efecto invernadero (urbanismo, servicios, residuos, transporte,…) dependen en gran parte de los hábitos despilfarradores o sostenibles que tengan los ciudadanos.

El 50% de las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) son resultado de la actividad cotidiana y la otra mitad restante de las industrias. Sin embargo, en cuanto a la responsabilidad en la reducción de CO2, la afirmación es por completo falsa. La mayor culpa del fracaso de Copenhague al no alcanzar compromisos de reducción drástica de CO2 y del incremento de emisiones de GEI en España (52,3%) y en Andalucía (85,4%), datos de 2007 respecto a 1990, son de la Administración y de las grandes empresas.

Aunque la consejera de Medio Ambiente de Andalucía, Cinta Castillo, haya visitado Copenhague para sacar pecho en relación a lo bien que está funcionando el Plan Andaluz de Acción por el Clima, la realidad es bien distinta y se da de bruces contra los triunfalismos oficiales.

En el caso de las industrias andaluzas, el 23% emitió en 2007 más GEI de los oficialmente asignados por el Ministerio de Medio Ambiente. Aunque en estos dos últimos años sí se ha logrado una estabilización y disminución de emisiones, gran parte es resultado de la crisis económica (y de producción) que soporta todo el tejido industrial andaluz, y sólo en menor medida producto de decisiones programadas de disminución de emisiones. Es difícil deslindar el porcentaje de resultados achacables a la crisis, pero se puede hacer: en el caso de generación de residuos peligrosos, Andalucía registró una reducción del 4,5% en 2008 respecto al año anterior.

Ecologistas en Acción pidió una identificación de las causas de este logro; la Consejería de Medio Ambiente reconoció que en los planes de minimización de residuos el 81% de las empresas habían obtenido estos resultados como consecuencia de un descenso en la producción, además de valorar como “poco significativas” las disminuciones de residuos.

En el Informe Medio Ambiente en Andalucía 2008, la Consejería reconocía este fracaso: “En cuestión de medio ambiente urbano, tanto el consumo de energía eléctrica como la producción de residuos urbanos en las ciudades andaluzas de más de 10.000 habitantes, siguen una tendencia y evolución desfavorables”.

¿Estamos hablando del 80% de la población andaluza con prácticas insostenibles, decimos que las tendencias son negativas y nos ufanamos de los buenos resultados del plan de lucha contra el Cambio Climático andaluz? Hay algo que no cuadra. ¿Cuál es la clave de esta distorsión entre la realidad ambiental y su percepción oficial?.

A mi juicio, la disociación que tienen muchos responsables públicos entre lo que es la tozuda realidad y la visión deformada que obtienen de sus planes, programas y proyectos. Así como los malos periodistas sostienen que nunca una realidad debe desbaratar un buen titular, los mediocres políticos que padecemos (el tercer gran problema político de los españoles, según las últimas encuestas), confunden hechos con deseos y no consienten que aquellos se sobrepongan a éstos. Algo parecido al wishfull thinking de los anglosajones.

En vez de fomentar el ahorro energético y el fomento de las energías renovables, Andalucía, y muy en particular Cádiz, ha vivido estos últimos años una invasión de centrales térmicas que según la Junta de Andalucía y los ayuntamientos en los que se han localizado, no contaminan.

En vez de fomentar políticas de movilidad sostenible, con planes urbanísticos que minimicen la necesidad de desplazamientos y fomenten la peatonalización, el uso de la bicicleta y el transporte público, se ha dedicado la mayor parte de la inversión pública a construir autopistas y variantes, primando el vehículo privado como rey indiscutible del transporte.

Los datos de emisiones son alarmantes, y dicen muy poco del compromiso de Andalucía en la lucha contra el Cambio Climático.

Otro indicador ambiental que nos marca signo negativo es la calidad (o la ausencia de ella) del aire que respiran los españoles. El 89% de las ciudades españolas de más de 100.000 habitantes superan los niveles permitidos de contaminación: partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno, ozono troposférico,… están entre los responsables de las 16.000 muertes al año en España causada por la contaminación, según datos del Observatorio de la Sostenibilidad de España. ¿Qué sucede entonces con las famosas 140 medidas del Plan Andaluz de Acción por el Clima, del Programa Ciudad 21 para el desarrollo sostenible de las urbes, de la Red Española de Ciudades por el Clima, del Pacto de Alcaldes contra el Cambio Climático?.

El Programa de Sostenibilidad Ambiental Ciudad 21 alcanza ya al 96% de las ciudades andaluzas, lo que supone el 85% de la población total de Andalucía. Valorando y verificando los logros y las insuficiencias del Programa, comprobamos iniciativas muy interesantes pero puntuales, que no han logrado invertir tendencias insostenibles ni afianzar buenas prácticas ambientales. Tampoco el hecho de que el “Pacto de Alcaldes” auspiciado por la Comisión Europea haya sido suscrito por más de la mitad de los 771 ayuntamientos andaluces, se proyecta en resultados y logros perdurables.

Son magníficos los planes de movilidad urbana que han logrado recuperar el tranvía y rescatar la bici como vehículo ordinario de transporte; sin embargo, la hegemonía (dictadura) del coche privado sigue haciendo invivible la movilidad de las ciudades. En muchos de esos “compromisos” ambientales no se ha pasado de la fase de diagnóstico, no se han evaluado resultados o se han superpuesto a políticas al servicio del vehículo privado, como son los aparcamientos subterráneos en los cascos urbanos. La limitación y el fracaso de estos planes de “movilidad sostenible” son evidentes cuando son además de, no en vez de, como sería lo razonable.

Sevilla con su potenciación de la bici, el metro y el tranvía, Barcelona con su modelo de ciudad compacta, son espejos en los que podemos mirarnos. La ciudad condal, en el estudio realizado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona, saca buena nota en la medición de su huella ambiental. Analizando siete indicadores, componentes del inventario urbano, combustibles para electricidad, calefacción y uso industrial, procesos industriales, transporte terrestre, aviación, tráfico marítimo y residuos, obtiene una media de emisiones de CO2 por habitante y año inferior a 5 toneladas, casi la mitad de la media española.

Otro caso espectacular (y caro) es el de Masdar City, la ciudad libre de CO2 diseñada por Norman Foster en Abu Dhabi y de improbable aplicación después de la crisis que se abate sobre este país del Golfo Pérsico. Los petrodólares financiarían una ciudad de 50 mil habitantes en la que parques fotovoltaicos, plantas solares, instalaciones geotérmicas, desalinizadoras e hidrogeneras, asegurarían residuos y emisiones cero.

Repasando las 20 “orientaciones” de la Estrategia Andaluza de Desarrollo sostenible de 2003, reconocemos cómo no se han trasladado a la realidad cotidiana. No hemos reducido el ruido, ni la generación de residuos sólidos urbanos, ni disminuido el tráfico motorizado, ni reutilizamos las aguas depuradas, ni hemos frenado el crecimiento urbanístico (salvo lo que ha logrado la crisis), ni, para rematar la faena, la colaboración y coordinación institucional brillan , salvo por su ausencia. Mal balance, que los mantras de “economía sostenible” de Zapatero no podrán mejorar.

De las 140 medidas de “mitigación” que contemplaba el Plan Andaluz de Acción por el Clima 2007-2012, ya señalaba en un artículo anterior que muchas eran compromisos vacíos de contenido. El incremento de las emisiones tanto de los sectores industriales como de los “difusos” (urbanismo, transporte, residuos,…), pone en evidencia el fracaso del Plan y la ausencia de compromisos reales de reducción.

Los 60,6 millones de toneladas de gases de efecto invernadero emitidas en Andalucía en 2004, se han convertido en 67,8 toneladas en 2007. Las 8,04 toneladas de CO2 por habitante y año de 2004, son ya 8,42 toneladas en 2007.

El propósito del Plan andaluz de reducir de aquí a 2012 en un 19% las emisiones de gases de efecto invernadero (respecto a 2004), no se está cumpliendo para nada en Andalucía.

Si este Plan surgió del consenso y participación, el cambio de responsables de la Consejería de Medio Ambiente ha arrastrado una parálisis en cuanto a gobernanza y discusión. Desmantelada la Dirección General de Sostenibilidad en manos de Andrés Sánchez (Los Verdes) y subsumida en la muy ineficiente Dirección General de Cambio Climático y Medio Ambiente Urbano, los foros de Participación no se convocan, no hay seguimiento de los logros (o más bien de los fracasos) en la aplicación de las 140 medidas y los planes de adaptación al Cambio Climático no salen de los despachos de los técnicos. Para rematar la faena, la página web de la Consejería de Medio Ambiente, abierta y participativa en manos de Cecilia Gañán, cada vez es más restrictiva y tacaña en acceso a la información. El Centro Complutense de Estudios e Información Ambiental acaba de sacar un amplio estudio (disponible en www.cambioglobal.es y en www.sostenibilidad-es.org), que reclama de las ciudades españolas un pacto ante el Cambio Global. A través de una plataforma de comunicación de sostenibilidad urbana y territorial, alientan a crear instrumentos que estimulen el debate sobre la sostenibilidad de nuestras ciudades y contribuyan a provocar las reacciones necesarias ante el desafío del Cambio Global.

Mientras que las dos terceras partes de los municipios andaluces han sido incapaces de adaptar sus planes urbanísticos a la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía, que restringe el crecimiento urbano para no colapsar la biocapacidad del territorio e incrementar las emisiones y los residuos, los 7 años transcurridos desde la LOUA no han puesto fin al cáncer del urbanismo difuso (y en muchos casos ilegal) que sigue impidiendo afrontar de verdad las emisiones contaminantes de las ciudades.

Ecologistas en Acción de Andalucía exige del gobierno andaluz la adopción de medidas reales y eficaces de reducción de gases de efecto invernadero, con compromisos firmes y verificables, que afecten tanto a grandes instalaciones industriales, como a los sectores de urbanismo y transporte, de forma que alcancemos resultados que puedan hacer frente al mayor desafío actual ambiental de la humanidad : el Cambio Climático.

Hay que hacer las cosas en las que uno cree y creer en las cosas que uno hace.

Fuente: Ecologistas en Acción

Contaminación del hogar puede afectar al desarrollo cognitivo y el comportamiento infantil

Lunes, 28 de Diciembre de 2009

La combustión del gas para calefacción o cocina emiten componentes tóxicos.
El uso del extractor y ventilar el ambiente interior reduce los efectos.

Investigadores del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (Creal)-IMIM Hospital del Mar (España) publicaron un estudio en el que constatan que la combustión de gas en los hogares puede afectar al desarrollo neurosicológico de los niños y que este se puede ver agravado cuando existe determinada susceptibilidad genética.

Diferentes estudios han revelado los posibles efectos nocivos en el desarrollo infantil y cómo la combustión del gas para la calefacción y para la cocción de alimentos puede ser una fuente de contaminación añadida.

Estas actividades domésticas tan habituales en los países desarrollados producen dióxido de nitrógeno, uno de los óxidos de nitrógeno más tóxicos para las células.

Para evitar el estrés oxidativo provocado por este tipo de sustancia tóxica, los organismos disponen de un mecanismo en el que el gen GSTP1 codifica para la síntesis de una proteína antioxidante que es muy activa durante el primer año de vida en el cerebro de los bebés.

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La combustión de gas para calefaccíón y cocción de alimentos es una fuente de contaminación añadida.

En el estudio del Creal-IMIM, publicado en American Journal of Epidemiology, se hizo seguimiento de 482 niños españoles, a lo largo de los tres primeros meses y a los cuatro años.

En una primera fase, analizaron la calidad del aire que respiraban en sus domicilios de residencia y cuál era la concentración de óxidos de nitrógeno presentes en el ambiente.

En la segunda, a los cuatro años, cada niño fue evaluado con respecto a sus principales funciones cognitivas a través del test McCarthy.

El análisis de los resultados refleja que, con independencia de otros factores socioculturales, la contaminación ambiental en los hogares está relacionada con el desarrollo cognitivo de los niños; que las concentraciones de dióxido de nitrógeno intervienen con la aparición de trastornos del comportamiento y que estos efectos no deseables se ven cuando el individuo es portador de una variante del GSTP1 incapaz de eliminar los oxidantes.

Los investigadores sostienen que el uso del extractor reducía los efectos, así como ventilar el ambiente interior mientras se cocina con gas.

Asimismo, pese a que la combustión puede afectar a las funciones cognitivas, consideran necesario seguir estudiando para saber si estos efectos desaparecen con la edad.

Fuente: Cooperativa

La contaminación eléctrica en el hogar puede ser causante de problemas de salud que no tienen explicación.

Miércoles, 23 de Diciembre de 2009
Contaminación Eléctrica en el hogar

Hay un sinfín de patologías asociadas a la contaminación eléctrica en el hogar. La mayor parte remiten y desaparecen al poco de dejar de estar expuestos a la contaminación eléctrica.

En la mayor parte de las prospecciones geobiológicas de viviendas, hallamos habitualmente una serie de problemas tan cotidianos como poco conocidos y que están muy asociados a las deficiencias de las instalaciones eléctricas de las casas. En geobiología resulta habitual relacionar graves problemas de salud con la permanencia en zonas de fuertes alteraciones telúricas corrientes de agua subterráneas, alteraciones magnéticas o geofísicas, etc. y, sin embargo, hay un sinfín de patologías leves en ocasiones también graves asociadas a la contaminación eléctrica doméstica o del lugar de trabajo.

¿Duerme mal por las noches? ¿Se despierta con frecuencia? ¿Padece insomnio, nerviosismo o estrés? ¿Se levanta por la mañana más cansado que cuando se acostó? La respuesta afirmativa a estas preguntas puede dar pistas para sospechar que está usted expuesto a la contaminación eléctrica, lo que puede ser debido a que tiene cerca de la cama una lámpara, un radio-reloj, un televisor u otros aparatos eléctricos, o a la incidencia de campos eléctricos presentes en las paredes sobre todo en la del cabezal de la cama que inducen constantes cargas eléctricas en el cuerpo de la persona que está acostada, alterando determinadas funciones biológicas y neuronales. No deja de sorprender que existan tantos estudios y conocimientos en torno a la actividad eléctrica corporal el llamado bioelectromagnetismo y, paralelamente, que resulte un tema prácticamente desconocido para la mayoría de la gente.

Nuestros conocimientos sobre la electricidad corporal apenas van más allá de hechos tan conocidos como que la actividad neuronal los pensamientos e imágenes mentales se producen mediante la circulación de electrones a través de la complejísima red neuronal, o que la fuerza muscular está condicionada por la descarga de electrones sobre las masas de fibras musculares, lo que provoca su contracción. En la práctica, se ha investigado mucho sobre la contaminación química (moléculas) o incluso la contaminación sonora (ondas que mueven el aire), pero apenas conocemos los resultados de las investigaciones en torno a la contaminación eléctrica o electromagnética.

A menudo nos llegan noticias sobre los peligros que corre la salud de quienes viven en la proximidad de líneas de alta tensión, transformadores o antenas de telecomunicación especialmente peligrosas son las antenas de telefonía móvil pero son pocos los datos referentes a la contaminación eléctrica a nivel doméstico. De hecho, lo único que suele preocuparnos al respecto son los posibles riesgos de una electrocución por contacto con cables eléctricos mal aislados o por deficiencias en la instalación eléctrica; incluso nos preocupa la posibilidad de un incendio doméstico producido por sobrecarga en la red eléctrica o por el contacto fortuito de algunos cables en las cajas de conmutadores.

A la mayor parte de quienes, por nuestro trabajo, nos relacionamos con los problemas de salud entorno a las viviendas, nos gustaría que se tomara más conciencia de otro tipo de problemas y trastornos derivados de las malas instalaciones eléctricas y que, aunque no se asocian a cánceres o enfermedades graves degenerativas, en la práctica, de hecho, están mermando la salud general y creando continuas molestias a numerosas personas que viven en total desconocimiento de las causas de tales trastornos. No obstante, lo realmente triste es constatar que la mayor parte de tales trastornos desaparecen desde el momento en que se corrigen las deficiencias de la instalación eléctrica o se la desconecta a la hora de ir a dormir.

Es frecuente encontrarnos con casos de personas que, padeciendo trastornos del sueño o dolores de cabeza pertinaces para los que no hallan solución por las vías médicas convencionales ni mediante terapias alternativas, consiguen descansar perfectamente y olvidarse de sus jaquecas con la simple práctica de desconectar la instalación eléctrica de las habitaciones a la hora de irse a dormir. Hay un sinfín de patologías asociadas a la contaminación eléctrica en el hogar sobre todo en los dormitorios y debido a que solemos pasar una media de ocho horas en la cama. La mayor parte de tales molestias suele estar asociada a trastornos nerviosos excitación neuronal, tensiones musculares dolor, agarrotamiento, cansancio y a problemas cutáneos o capilares picor, conjuntivitis o pérdidas exageradas de cabello, siendo frecuente que la mayor parte de tales trastornos remiten y desaparecen al poco de dejar de estar expuestos a la contaminación eléctrica.

Resulta relativamente sencillo detectar la contaminación eléctrica en una vivienda, ya que en las últimas décadas han aparecido en el mercado detectores de campos eléctricos de bajo costo y suficiente fiabilidad como para reconocer cuando una instalación eléctrica es defectuosa, debido a deficiencias en la toma de tierra del edificio o a la inexistencia de la misma; también el cableado juega un importante papel en este problema, habiéndose constatado que las instalaciones con cables rígidos un solo cable por conductor suelen tener mayores pérdidas de campo eléctrico que las de cable multifilado múltiples hilos finos en un mismo conductor. Tengamos también en cuenta que, en las instalaciones de 220 voltios de corriente alterna lo habitual en la mayor parte de las viviendas, existe una tensión eléctrica constante en todo el circuito, incluso cuando no hay consumo con todas las luces apagadas y los aparatos eléctricos desconectados.

Esta tensión eléctrica produce una constante fuga de electrones que saltan de la órbita cercana al cableado y circulan a través de las paredes, los muebles sobre todo los metálicos, como somieres y colchones de muelles y las superficies plastificadas (electricidad estática). Tales electrones saltan al aire y, desde él, al cuerpo humano, por el hecho de ser éste mejor conductor eléctrico que el aire el cuerpo está compuesto básicamente de agua y minerales, lo que le confiere una elevada conductividad eléctrica. Esto hace que se induzcan constantemente cargas eléctricas desde las paredes cargadas y los aparatos eléctricos conectados a la red aunque estén apagados con las consiguientes sobretensiones eléctricas, capaces de producir los trastornos descritos, sobre todo en las personas más sensibles.

En este punto cabe señalar que cada individuo posee un particular grado de sensibilidad a la contaminación eléctrica o al exceso de electricidad estática o ambiental, lo que explica que algunas personas sufran los trastornos descritos, mientras que otras no acusan molestia alguna. Lo primero que tenemos que hacer, en caso de sospechar que estamos padeciendo trastornos por exposición a cargas eléctricas en el hogar, consistirá en probar a dormir varias noches desconectando toda la instalación eléctrica de la vivienda podemos dejar el sector del frigorífico conectado, aunque no pasa nada por dejar ocho horas la nevera sin corriente, los frigoríficos actuales no se descongelan en ese lapso de tiempo. Si con esta sencilla práctica constatamos que dormimos mejor y nos levantamos sin molestias tensiones, dolor de cabeza…, podemos investigar más a fondo, ya sea pidiendo un estudio de la casa a un experto o adquiriendo un detector de campos eléctricos; hay, incluso, pequeños detectores de cables empotrados que se venden en ferreterías y grandes superficies, que pueden resultar útiles. Una vez constatada la relación trastorno-campo eléctrico, podemos optar por la mejora de la instalación eléctrica, con la corrección o colocación de tomas de tierra o el uso de cables apantallados.

En las viejas instalaciones y allí donde se haga difícil o excesivamente costosa la mejora de la instalación eléctrica, podemos recurrir a la desconexión manual por las noches dejando conectado el sector de la cocina o, lo más práctico, instalar desconectores automáticos de fase activa bio switch, que, en Alemania, llevan varias décadas instalándose, mientras que, en España, son prácticamente desconocidos; tan sólo existen dos o tres empresas que los importan de Alemania, Bélgica o Suiza, aunque tenemos noticias de que una marca española Orbis está en fase de desarrollo y pruebas de un circuito de desconexión con vistas a su futura comercialización. Las instalaciones domésticas de bajo voltaje 12 o 24 V en corriente continua no crean los mencionados campos eléctricos y pueden ser una alternativa en algunas casas.

Tengamos claro que, en caso de problemas, siempre pueden existir una o varias soluciones. Lo lamentable del tema es la total ignorancia al respecto en la que vivimos, lo desconocemos casi todo de cómo actúa, interactúa o interfiere la electricidad externa natural o artificial en nuestros complejos procesos biológicos. Más triste aún es constatar el hecho de que las grandes empresas de alta tecnología gastan sumas millonarias en proteger de interferencias eléctricas o electromagnéticas los sofisticados circuitos electrónicos de los aparatos que fabrican, mientras que poco se hace por evitar tales interferencias en los más aún sofisticados y sensibles circuitos bioeléctricos corporales.
Autor: Mariano Bueno

Fuente: Enbuenasmanos

Pobreza energética en el 25% de los hogares del mundo

Domingo, 20 de Diciembre de 2009
Las facturas de la electricidad o el gas hacen temblar la economía doméstica, y la temperatura del hogar no es la más apropiada. A esta situación se enfrentan 50 millones de europeos que sufren la denominada “pobreza energética”. Además del bolsillo, la salud y el medio ambiente se resienten con esta situación. Las instituciones y los consumidores pueden tomar diversas medidas prácticas para combatir este problema.

Qué es la pobreza energética

Tener electricidad en casa parece un servicio al alcance de todos. Pero no es así. Casi una cuarta parte de la humanidad, en su mayor parte en países en vías de desarrollo, carece de acceso a este bien, según el informe “World Energy Outlook 2009″ de la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

En los países desarrollados, el acceso a la electricidad es más sencillo, pero no significa que sea suficiente. Una parte de la población sufre la denominada “pobreza energética”. Este concepto, definido por primera vez en Gran Bretaña en 1988, se refiere a los consumidores que destinan más del 10% de sus ingresos a pagar las facturas de energía. Estas personas no son capaces de mantener su hogar a una temperatura adecuada (20º C en invierno y 25º C en verano) por un precio justo.

El proyecto europeo European Fuel Poverty and Energy Efficiency (EPEE) estudia este fenómeno. Sus responsables calculan que unos 50 millones de europeos están en situación de pobreza energética. En España, la ONG Ecoserveis, participante en el proyecto EPEE, destaca los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida 2007 del Instituto Nacional de Estadística: un 10% de la población española no puede mantener una temperatura adecuada en el hogar.

La pobreza energética implica varios impactos sociales, sanitarios y medioambientales. La calidad de vida de estos consumidores se resiente, a la vez que acumulan deudas por el sobreesfuerzo en el consumo energético y el cada vez más alto precio de la energía.

En una casa mal climatizada, sus inquilinos están más expuestos a problemas de salud relacionados con el frío y la humedad. Los enfermos crónicos, niños y ancianos son los más afectados.

Una de las causas principales de la pobreza energética es la mala calidad de las viviendas. En España el 60% del parque se construyó con anterioridad a la normativa de regulación térmica. Estos edificios pierden calor y necesitan más energía para mantener la temperatura. Otra de las causas es la baja eficiencia energética de los aparatos, bombillas, sistemas de climatización, etc., utilizados en estas casas. El consumo eléctrico es mayor, y con ello, el impacto ambiental de la generación energética, como las emisiones de dióxido de carbono (CO2) causantes del efecto invernadero.

Cómo hacer frente a la pobreza energética

Marta García, consultora de Ecoserveis, asegura que para abordar este problema hay que actuar sobre sus tres causas principales: nivel de ingresos, calidad en la edificación y precios de la energía.

Las medidas preventivas tendrían que ser prioritarias. Las viviendas de protección oficial, ocupadas en principio por familias vulnerables, deberían contar con criterios superiores de eficiencia energética.

Otra medida sería la de ofrecer bonos para el pago de facturas de energía a las personas mayores. En Inglaterra, el Gobierno destina 100 millones de euros para cubrir los costes de las tarifas sociales y ayudar a las familias más vulnerables. Las personas mayores de 60 años reciben 300 euros al año como medida contra la pobreza energética. En España habrá que esperar a tener los datos del nuevo bono social, puesto en marcha en julio de este mismo año.

Algunas instituciones han empezado a incluir el concepto de pobreza energética en sus planteamientos. La nueva Directiva del Mercado interior de electricidad (2002/91/CE) (y la de gas también) obliga a los Estados Miembros a desarrollar Planes para abordar este tema. Como el resto de directivas europeas, España deberá transponerla para que su aplicación sea efectiva. En el ámbito autonómico, el Gobierno catalán lo ha incorporado en su planificación energética para 2015.
Qué pueden hacer los consumidores

Los consumidores pueden asumir diversas medidas para combatir la pobreza energética. En primer lugar, pueden prestar atención a sus facturas de energía y comprobar si se ha contratado una tarifa adecuada. En la actualidad, los consumidores con menos de 10kW de potencia contratada pueden escoger entre la Tarifa de Último Recurso (precio máximo fijado por el Gobierno) o ir al mercado libre a pactar las condiciones con una comercializadora.

La potencia contratada es otro elemento que los consumidores pueden elegir y reducir hasta lo necesario. A igual consumo, la factura será mayor cuanto mayor sea la potencia contratada. Para hacerse una idea, se puede analizar el conjunto de equipos que se quieren tener encendidos al mismo tiempo. Para un piso medio con cocina y calefacción de gas suele ser suficiente una potencia de 3,3kW o incluso menos.

La reducción del consumo energético es otra medida clara que se puede lograr con diversos consejos:

* Utilizar la energía sólo cuando sea necesario. Ser conscientes de que es un bien escaso que conlleva un impacto medioambiental, social y económico más grande del que parece.
* Sustituir las bombillas incandescentes por otras de bajo consumo.
* Contar con electrodomésticos de eficiencia energética A o A+.
* Regular la calefacción con termostatos y encenderla durante el día unas pocas horas, suficiente para que el calor acumulado se mantenga para el resto de la jornada.
* Invertir en aislamiento de paredes, ventanas e incluso tuberías y conductos de ventilación y climatización al construir o rehabilitar una casa. Las comunidades autónomas ofrecen ayudas que cubren hasta el 60% de esta inversión.
* Instalar contrapuertas y contraventanas.
* Evitar las fugas de calor, que pueden suponer entre el 5% y el 30% del malgasto energético. En el mercado se pueden encontrar diversos materiales y sistemas asequibles que permitirán acabar con este problema.
* Realizar un correcto mantenimiento de las calderas y otros sistemas de climatización.
* Los ventiladores de techo reversibles pueden utilizarse en invierno para hacer circular el calor y ahorrar costes de calefacción hasta en un 10%.
* Aplicar sistemas basados en energías renovables (para ello también se pueden solicitar diversas ayudas institucionales).
* Vestir de acuerdo a las condiciones climatológicas: estar en casa en camiseta de manga corta durante el invierno supone un uso excesivo de la calefacción.
* Utilizar contadores inteligentes para un control más exacto del consumo eléctrico.

Funte: Econoticias

El 50% de las intoxicaciones alimentarias se deben a incorrectas medidas de limpieza en el hogar.

Jueves, 17 de Diciembre de 2009

Una correcta limpieza y desinfección del hogar ayuda a prevenir la aparición de gérmenes que pueden perjudicar nuestro organismo.

Barcelona, diciembre de 2009.- La limpieza y desinfección del hogar es recomendable más allá de si se tienen niños o no, ya que ayuda a evitar la transmisión de bacterias y gérmenes que pueden habitar en el hogar. Por este motivo, tener una casa limpia y desinfectada es una forma de prevención de infecciones como la Salmonela y virus griposos.

Llevar una vida sana, no sólo supone un buen cuidado corporal, vigilar los alimentos que comemos y cuánto deporte practicamos, sino que también se basa en intentar mantener un entorno limpio, desinfectado y menos contaminado.
El 90% de la población no es consciente de que el hogar es uno de los principales focos de infecciones.

Otras estadísticas de interés:

Tan sólo un 14% de la población considera que su nivel de educación sobre riesgos de infección es bueno. Como muestra, cabe destacar que 1 de cada 3 personas no limpia la cocina con productos desinfectantes. Estos datos se deben tener en cuenta, ya que las zonas de mayor riesgo de contagio se concentran principalmente en el hogar.

Zonas como la cocina y el baño, son estancias con mayor riesgo de contaminación, por lo que facilitan el contagio de infecciones. Principalmente, disponen de un entorno húmedo propicio para el desarrollo de gérmenes y microorganismos varios. La limpieza en estas zonas no es suficiente, también es recomendable desinfectarlas. Al llevar a cabo una desinfección se elimina todos los microorganismos, mientras que si sólo se limpia, simplemente se elimina la suciedad, pero no los gérmenes.

Fuente: Noticias Medicas

Ocho de cada diez padres hacen a sus hijos ser fumadores pasivos

Martes, 1 de Diciembre de 2009

El 35,2% de los padres era fumador, y de este subgrupo la exposición al humo se producía en el 80% de las familias. Por género, si sólo es fumador el padre el humo está presente en el 59 por ciento de casos, mientras que si la fumadora es la madre, en un 74,8%. Si los dos son fumadores, la cifra asciende entonces al 89%.

Según el médico Joan Lozano, integrante del Grupo de Abordaje al Tabaquismo de semFYC y coordinador del Grupo de Atención Primaria de Abordaje del Tabaquismo (GRAPAT) de la Sociedad Catalana de Medicina de Familia y Comunitaria (CAMFiC), esta actitud de los padres cabe atribuirla a la falta de concienciación y desconocimiento de los riesgos más que al desprecio de la salud de los que les rodean.

“Muchos españoles aún piensan erróneamente que el humo del tabaco sólo es una fuente de molestias o directamente inocuo, lo que muestra la falta de sensibilización que aún queda entre muchos ciudadanos”, comenta.

El estudio, realizado en los centros de salud San Juan y Sisinio de Castro de Salamanca, pone de relieve que entre los padres fumadores el 26,8% considera al humo ambiental menos perjudicial que el inhalado y el 73,2 por ciento piensa que ser fumador puede influir en que sus hijos fumen.

Según Lozano, los datos de la encuesta se corresponden con la realidad de los conocimientos que tiene la población en cuanto a las repercusiones del tabaquismo pasivo. ‘Mientras en el ámbito del tabaquismo activo ya se han conseguido importantes avances, en el caso del pasivo es ahora cuando se están empezando a transmitir a la población los riesgos reales de compartir un aire contaminado por el humo del tabaco’.

Los niños no pueden evitar voluntariamente la exposición al aire contaminado por el humo del tabaco y son, por ello, unos de los principales perjudicados.

Más caries entre los hijos expuestos al humo
Como pone de manifiesto otro estudio presentado en el congreso de Barcelona, la prevalencia de caries aumenta a medida que se incrementa el tiempo de exposición al tabaco. Cuando no fuma ninguno de los dos padres al prevalencia es de 12,4%, aumentando a un 19,3% si fuma uno de los dos y a un 28,3% si lo hacen los dos.

Otras patologías que se pueden presentar con más frecuencia en los niños fumadores pasivos son síndrome tabáquico-fetal, muerte súbita del lactante, enfermedades digestivas y nutricionales, dolencias en las vías respiratorias inferiores, alteración inmunitaria, patología vascular, oncológica y alteraciones neurológicas y psicológicas.

Fuente: Terra.es