La tragedia ambiental cuenta con un escenario ideal para instalar el miedo
Miércoles, 24 de Marzo de 2010Desde los primeros días del mundo, La Tierra ha sido maltratada por el hombre, razón por la cual está reaccionando a través de terremotos, inundaciones, sequías extremas, entre otras maneras de decir que está viva, que ya basta de molestarla

Arrhenius investigó acerca del peligro de la combustión fósil, que sube la temperatura de La Tierra. Sus teorías no fueron tomadas en cuenta, porque creían que el dióxido de carbono (CO2) no influía en el efecto invernadero. Pero años más tarde, en 1938, varios ensayos -donde apuntaban a la corrección de los cálculos de Arrhenius- donde admitía que tenía razón, toda vez que el CO2 sí incrementaba la temperatura global. Esta teoría es conocida como “Efecto Calendar”.
UNA MIRADA AL PASADO REMOTO
Las grandes quemas ocurridas en la prehistoria impregnaron las fosas nasales de primates y cubrieron de hollín las hojas de los árboles y hasta las alas de los inimaginables dragones de la imaginería futura. De esos eventos, desde la eventración de los dinosaurios producto de la caída de asteroides y rocas celestiales, quedaron los restos de lo que hoy es el petróleo. Los huesos de los inmensos animales se convirtieron en aceite, en eso que fue denominado el “estiércol del diablo”.
Ese “mene”, así llamado por algunas comunidades aborígenes lo usaban como brea para cubrir las embarcaciones y alejar los mosquitos, es el factor más peligroso contra el medio ambiente. El pasado, entonces, resucita en una tragedia que hoy es el tema más preocupante en los foros internacionales.
La revolución industrial de finales de 1700 también contribuyó con la desaparición de muchas tradiciones naturales. El colectivismo, la concentración urbana, la industrialización, las chimeneas, contribuyeron con la aparición de enfermedades, no sólo biológicas sino sociales. Cambios de conducta en la población, en la pureza del aire y del agua. Un perfil delictuoso afloró con la codicia industrial y los abusos contra los elementos. De modo que la contaminación ambiental es de vieja data, pero no tan invasiva como es ahora. El mundo no era lo suficientemente conocido. El hombre aún conservaba la costumbre artesanal de sobrevivir.
LA TEORÍA DE ARRHENIUS
Pasados muchos años, estudios y nombres han sacudido la conciencia de científicos y empresarios industriales. Se ha llegado a la conclusión de que el efecto invernadero puede provocar catástrofes, tanto en todo el globo como en algunas regiones vulnerables. Efectos en el medio ambiente como en lo económico y lo biológico afectan la agricultura. Los resultados de esta teoría han abierto las posibilidades de estudio para concluir que a la vuelta de 40 ó 50 años la próxima guerra mundial podría ser por el agua.
Arrhenius estuvo cerca. Otros estudiosos redondearon su teoría y añadieron que cierta inestabilidad causada por el hambre, las enfermedades y los niveles del agua marina, harían más riesgosa la vida terrena. Los movimientos migratorios así lo han manifestado. Crecientes, grandes sequías, maremotos, terremotos, entre otros males, abren la puerta a otros riesgos de índole política, sociales, de seguridad, así como el terrorismo, el genocidio y las invasiones.
UN GLACIAL EN EL TRÓPICO
Las noticias de los últimos días dan cuenta de una inmensa masa de hielo a la deriva. Se trata de un glaciar de 78 kilómetros cuadrados, tan grande como cualquier ciudad importante de Venezuela. Fuera de su ambiente, el glacial se derrite y eleva el nivel de las aguas costeras.
En Argentina, el desprendimiento de una gigantesca masa helada fue convertido en un espectáculo. Pese a que advierten que se trata de la pérdida de un atractivo turístico, la noticia tuvo visos de un reality show que reunió a la gente para comentar y echarse unos tragos. Veían el evento como la caída de un viejo edificio, implosionado por cuestiones de seguridad comunal.
Los expertos destacan que la disminución de los glaciares, los cambios bruscos meteorológicos han provocado la muerte de muchos ecosistemas. Por ejemplo, el nicho de agua más importante de La Tierra está en el Amazonas, región que hoy se ve afectada por las quemas, la tala de árboles, el uso indebido de químicos en la explotación minera, así como el empleo indiscriminado de dióxido de carbono para poner a funcionar maquinarias. De esta manera se habla del “apocamiento de los ecosistemas”.
De continuar el desprendimiento de hielo de los polos, los mares subirán entre 1 y 2 centímetros por decenio. Se dice que entre 1990 y 2100 el mar se elevará entre 9 y 99 centímetros. De modo que si se derrite la Antártida el mar ascenderá unos 125 metros. Desaparecerían puertos y ciudades cercanas a la costa que estén por debajo del nivel del mar. En Venezuela, por ejemplo Cumaná y Cabimas, reúnen estas condiciones. Ya en Chile, con la frecuencia telúrica de las capas tectónicas, ciudades han sido desplazadas de su sitio. Así como puertos turísticos arrasados por tsunamis que han borrado del ojo humano los micromapas del país. Tan fuerte fue el temblor en ese país austral, que el eje de la tierra se desplazó 8 centímetros. De modo que estamos hablando de un cataclismo.
Los deslaves de El Limón y de la costa mirandina provocaron cambios en la fisonomía geográfica, en la flora y la fauna, en la estructura urbana y en la presencia humana. La Tierra está viva, se mueve, late como un corazón acelerado.
Sequía, inundaciones, calor excesivo, abundosas nevadas. El Trópico y el Norte cuestionados por la inestabilidad climática. Dos personajes hoy muy populares dan cuenta del temor de la humanidad: “El Niño” y “La Niña”, una pareja que se ha revelado para mostrar los abusos del hombre contra la naturaleza. El Niño provoca sequías en muchas regiones del mundo. La Niña ocasiona peligrosas inundaciones. La sequía y el exceso de lluvias traen consigo el decaimiento de la producción agrícola y pecuaria. Igualmente, la producción de energía eléctrica, cuando ésta es producida por corrientes como la del río Caroní en Venezuela, entre otros afluentes. Con la sequía, el calor imperante en todos los pueblos. Y con el calor, la llegada de la calina, un fenómeno que causa la pérdida de la calidad de vida de los seres vivos, como problemas respiratorios, en la piel, etc.
“La Niña” llega con todo su poder y activa las bajas temperaturas. Las nevadas ocurridas en Barcelona y un frío intenso en las costas del norte de África así lo confirman. Hace poco los catalanes se quejaban de la nieve y de las bajísimas temperaturas, cuestión que no sucedía en muchas décadas. De modo que estos “bebés”, que llegaron al mundo sin pañal, fueron invocados por la torpeza y el abuso del ser humano. La Tierra así reacciona, como un animal que despierta para advertir que lo están molestando.
Los científicos han informado que el llamado efecto El Niño incrementaría la temperatura 0.15 grados centígrados por decenio, pero podrían ocurrir cambios repentinos, bruscos, anómalos y caóticos como tormentas, huracanes, sequías extremas y la consiguiente modificación de la flora y la fauna. También la reaparición de enfermedades ya superadas como la malaria, el dengue, la fiebre amarilla, entre otras, y la caída de la producción agrícola y pecuaria.
OTROS MALES, OTRAS TEORÍAS
El efecto invernadero provoca la aparición de los gases invernaderos, como el CO2, sustancias químicas que envenenan el aire, las aguas, las plantas y animales. La desaparición de microclimas, la aparición de males desconocidos. Muchos médicos buscan la forma de explicar enfermedades respiratorias y cutáneas nunca vistas.
Otra teoría es la de la variación solar, punto clave o neurálgico de la actividad solar durante las últimas seis décadas. Un sol más brillante cae sobre el lomo de La Tierra. Luz que afecta la salud y provoca grandes incendios, como los de California o Australia. La baja producción en la pluviosidad ha ampliado la posibilidad de quemas en Amazonas, así como la pérdida de la capacidad en las corrientes de los ríos. Se habla también de las variaciones orbitales del planeta, como la provocada por el terremoto de Chile. La reducción de la placa de ozono, mal causado por la excesiva producción industrial, ha sido uno de los factores que han provocado cambios peligrosos en su casa grane, La Tierra.
¿QUÉ HACER?
Es irreversible todo el mal provocado. Arrhenius lo previó todo. Casi se acercó a lo que está pasando hoy. Un mapa trágico sobre la atmósfera terrestre nos dice -como afirmó Nostradamus y Los Mayas- de la desaparición de La Tierra, de terremotos, tsunamis, incendios, inundaciones, migraciones, genocidios, violación de las leyes ambientales, etc. Frente a esta realidad han aparecido organizaciones de defensa del ambiente, como Greenpeace, encargados de vigilar el respeto a la naturaleza. Han enfrentado el uso indiscriminado de la industria. Han luchado contra la muerte de ballenas, delfines, animales del mar y de la tierra. Han estado presos por marchar en ciudades contra la inconsciencia de gobiernos abusivos, quienes desplazan zonas campesinas para convertirlas en emporios urbanos e industriales.
No se trata de conjurar o adivinar a través de viejos documentos metafísicos. Se trata de ver los resultados provocados por la mano del hombre. Será el mismo ser humano quien encare la situación y le busque soluciones, como el menor uso de la combustión fósil, revertir los efectos del dióxido de carbono con el menor uso de aires acondiciones y otras comodidades citadinas. Dejar de lanar en ríos, mares y lagos los desperdicios del consumo.
Si bien aquel científico, Svante August Arrhenius no vio lo que está pasando, sí tuvo una idea de lo que podría ser la tierra de nuestras angustias. Mucha ha sido la literatura estudiada. Mucho lo escrito para dar al traste con las molestias provocadas por la naturaleza, hoy una fuerza subversiva, como la ciencia ecológica, dispuesta a defenderse de los malos negocios del hombre. De modo que se trata de tener una mirada diferente, un trato distinto con La Tierra.
Ver el cauce muerto de un río da dolor, pero es más hondo el significado. Un río seco es la muerte. O un cauce podrido contamina el resto de los ríos, lagos y mares.
Sin ir muy lejos: el Lago de Los Tacarigua, más conocido como Lago de Valencia, recibe “agua” de una veintena de corrientes, todas contaminadas. De modo que el líquido que lo hace lago no se puede consumir, y los intentos por sanearlo se ha quedado en eventos de corrupción y demagogia.
El calor de esta hora, el agotamiento del cuerpo y la pérdida de la paciencia en larga cola de vehículos tienen que ver con todas las “travesuras” cometidas por el poder industrial, un mal mayor que debe ser corregido, hasta convertirlo en el mal menor mediante medidas de protección ambiental.
